Panorama montero

¡61 BOCAS 61! Un maravilloso Matasanos

Matasanos
«Me llamó Felipe –a la derecha– que se iba a montear Matasanos, una mancha a cochinos con unas previsiones inmejorables, que si lo quería comprobar in situ».

Me gustaría dedicar esta crónica de Matasanos a un buen tipo y a su familia, Luis Felipe Romero, están pasando por un momento delicado pero seguro que lo van a superar, ojalá

DECLARACIÓN DE INTENCIONES

Me adapto a la jerga, jerga del ‘cercado de jabalí’, excepto ‘cercón’, porque tiene ciertas connotaciones negativas, por lo que prefiero lo de cercado.

No utilizo normalmente el término ‘boca’, según la acepción soy más de ‘navajero’ o ‘defensas’, pero creo que para el cercado de jabalí es perfecto, y todos nos entendemos.

Lo he dicho un millón de veces, la montería es algo dinámico, con muchas caras, y creo que boca, bocas, se ha impuesto de unos años a esta parte, y no solo en los cercados de jabalí.

Y la montería tiene un lenguaje muy rico y variado, y eso, duela a quien le duela, es cultura.

Cuando este cronista decía años ha con cierta sorna “se han cobrado diez cochinos con boca y otros veinte también, porque todos los guarros tienen boca”, en cierto sentido yo era un bocas.

Se entiende la autocrítica, ¿verdad?

Dejemos la semántica y sigamos.

CRÓNICA

Matasanos

¡Cómo llovía!

Lluvia torrencial camino de Cilleros desde Madrid, no pude desplazarme la noche anterior.

Si la borrasca había entrado, como siempre, por el Atlántico y se preveía su apogeo en Extremadura a media mañana, y si ya llovía así antes de la madrugada en Madrid y Toledo…

Curiosamente, según avanzaba hacía el oeste, la lluvia remitió, y aunque cuando amaneció estaba muy pero que muy encapotado, la categoría pasó a ser de calabobos, con algunos arreones a chubasco.

Al llegar a la puerta de la finca, me encontré con Felipe Romero y Javier Sacristán, Sacris, guarda mayor de la finca Matasanos.

Me indicaron el camino correcto para llegar a la casa donde era el desayuno y el sorteo.

Matasanos

Finca Matasanos

Matasanos es una finca preciosa, que a sus bondades naturales y cinegéticas añade una propiedad que la mima de la mano de Claudio Rivas.

Al sur de la Sierra de Gata –Sierra de Santa Olalla– y en la comarca del mismo nombre, en el extremo noroeste de la provincia de Cáceres, muy cerca de Portugal por el oeste –de hecho, el término de Cilleros hace linde con el país vecino– y no lejos de la provincia Salamanca por el norte.

Terreno ondulado pero suave, típica vegetación mediterránea, dehesa, aunque con partes de monte fuerte, agua, pastos y comida abundantes.

Matasanos
Claudio, a la izquierda, equipado para meterse con los perros.

Sorpresa agradable matasanos

Me llamó Felipe que se iba a montear una mancha a cochinos con unas previsiones inmejorables, que si lo quería comprobar in situ.

Y quería, claro que quería.

Él, junto a su inseparable compañero Marco Antonio Martín, la mítica marca de organización cinegética Sierra España, serían los capitanes de montería en Matasanos, donde Claudio, tenía un especial interés en esta montería cochinera y que todo saliera a pedir de boca, valga la redundancia.

Doce privilegiados monteros tendrían la oportunidad de corroborarlo.

Mientras que acabamos el espléndido –me quedo muy corto– desayuno, Claudio comunicó la sorpresa, el cupo se ampliaba de siete a doce cochinos –que era tanto como decir que prácticamente no había cupo–, “pero tirar en lo posible también cochinas, no solo bocas, que no hay tantos navajeros para todos”…

Por cierto, añadió e incidió en que “solo se puede llevar un rifle por puesto”.

Rumor y estruendo matasanos

Me tenían en palmitas, Felipe me dio a elegir, acompañar a un puesto, situarme en un balcón donde dominaba mucho terreno o meterme con los perros…

Y a uno, que le corre sangre de rehalero con vocación de perrero –que no es lo mismo, aunque actualmente coincide en muchos casos en la misma persona– por las venas, el cuerpo le pedía la tercera opción, pero la cabeza, precisamente por el cuerpo aún cansado por el rastro del COVID, escogió la segunda opción…

De balcón, vista panorámica.

Eso sí, he encontrado mi sitio en estas cacerías cuando esté al cien por cien, si me admiten, claro. Entrar con los perros.

Un auténtico disfrute. Cazar –porque eso es cazar– y fotografiar desde dentro, maravilloso.

Pero ojo, no es una broma, y aquí los cochinos pueden resultar peligrosos.

Y uno no es para nada valiente, lo que pasa es que normalmente los profesionales y las rehalas en estas cacerías son de categoría, y son ellos los que resuelven las situaciones comprometidas, que además para eso están, aunque si me dejan y tengo que rematar yo, sin problema, con mucho respeto y tomando precauciones, nunca con miedo.

Un agarre hay que resolverlo rápida y certeramente, por el bien de todos, de los perros, y también del montaraz cochino, para ahorrar padecimientos.

Se soltó escalonadamente, primero la mano alta, con cuatro recovas, dos de Rehalas Monchi y dos de Rehalas GH.

Con el bloque fuerte de los perros en el monte, se producía como un rumor, un estruendo controlado, profundo, continuo, lento…

Es como si rehaleros, guías, entre los que se encontraban Claudio y Felipe en esta mano alta, y perros no avanzaran o se movieran a cámara lenta.

Matasanos

Poco a poco… Matasanos

Los cochinos se iban desencamando, y ahora ya se escuchaban carreras nítidas.

Se tiraba, sí, mucho, desde antes de soltar, pero lances chorreados, cochineros, no ese tiroteo continuo que se produce si hay reses en cantidad.

El tiempo colaboró, y prácticamente no llovió nada desde que se soltó, además la temperatura era agradable, ideal para cazar.

Lo que pasa es que el monte estaba muy mojado, y a pesar de ser excelentes las rehalas, y sin perros de agarre para facilitar que los cochinos rompieran a las posturas, me daba la sensación que estaba costando que los jabalíes rompieran.

Tiempo ha escuché a Felipe decir “los cochinos son para quien los paga”, considero que tiene toda la razón.

Cuando la mano alta apareció a la altura de mi atalaya, llegó el turno de soltar las rehalas de la mano baja, el guía era Marco.

Como estaban cerca de mí, me acerqué para por lo menos entrar un centenar de metros con ellos.

Matasanos
Carlos soltando sus Rehalas Choco.

Eran dos recovas de Rehalas Choco, Carlos, su hermano Junior y Tamara. Magníficos los rehaleros como lo eran sus perros.

Debían batir una zona muy apretada de monte, un profundo barranco. Es que la mancha no era para nada pequeña.

¡Agarre! Matasanos

El rumor-estruendo fue algo más corto que en las primeras sueltas, comenzaron antes las carreras, y los ¡ay, ay, ay!

De pronto, un señor cochino, que venía herido de un puesto, parecía que se iba a zafar de los perros, hasta que se aculó en lo fuerte del matorral y se lió a repartir estopa.

Un navajero con buena boca.

Estaba con Marco, y maldecí mi estampa por haberme dejado el cuchillo en el púlpito, Marco tampoco tenía.

Hasta que llegó Carlos y remató como mandan los cánones.

El guarro pinchó varios perros, y si no llega a ser por la pronta y certera intervención de Carlos, podía haber sido mucho peor.

Tenía unas navajas de las que hacen pupa de verdad.

Regresé a mi púlpito.

En lo hondo del barranco un cazador manifestaba a base de ‘truenos’ –que tales eran– de su rifle, que muy posiblemente estaba ante el puesto de su vida.

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Desde el púlpito Matasanos

Vi muchas cosas desde mi posición privilegiada.

Lo primero, carreras, a cochinos y cervuno.

Como tenía relativamente cerca un apretón fortísimo de matas y zarzales, había jabalíes que allí se guarecían y era imposible ‘hacer carrera’ de ellos.

Un par de perros de postín y un cochino formidable, de mucha alzada, fortaleza y kilos –aunque Matasanos tiene mucho arocho–, jugaban al gato y el ratón, pero los podencos, sobre todo uno, hacían una y mil tretas para intentar que el gran macareno rompiera, no hubo forma, ni cuando llegó la fuerza de los perros al remate, ya que se metió en lo más hondo de un zarzal. Oportunidad para otra ocasión.

Cruzó una cierva con una curiosa y gran mancha negra en el costado derecho.

Matasanos Matasanos

Una nutrida pelota de muflones, que al igual que venados y gamos no se podían tirar, hacían que los perros se despistaran tras ellos y olvidaran a los cochinos-jabalines por un momento.

Había algún macho prometedor, tanto que ya colgaba la medalla al cuello, pero lo más curioso era lo de dos muflonas, posiblemente madre e hija, cuando los carneros se paraban, sobre todo la más clara y grande, se adelantaba y hacia una especie de muestra, poniéndose en cuclillas y estirando las patas delanteras al máximo, orejas tiesas, como queriendo barruntar donde había un posible peligro.

Cosas veredes, amigo Sancho.

Remate Matasanos

De regreso me uní de nuevo a Marco.

Con los prismáticos vimos como un manchón de monte fuerte se llenaba de cochinos, algunos muy grandes, allí tenían que rematar las cuatro rehalas de la mano alta para beneficio del puesto situado en la querencia del manchón…

¡Pues se volvieron todos! No rompió ni uno a ese puesto, porque entonces estaba aireando.

Lo importante que es el aire siempre en la caza en general.

Típico arreón final, más tiros… La montería había concluido.

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Carlos y Junior atendían con mimo los perros heridos en la contienda, mientras Tamara cargaba en la furgoneta los que habían escapado con bien.

La silueta de los buitres se recortaba en el cielo gris, gris plomizo. Se mantenía sin llover.

Pensé entonces que el cemento para el plantel de Matasanos, diseñado con mucho gusto, tardaría bastante en completarse ante lo recién vivido.

Nos da lo noche, pensé. Eran las 14:00 horas del horario de verano y seguía muy oscuro.

Matasanos
Valentina y Mamen con Chispa.
Sergio Lumbreras y Juan Bautista Martín, de ASANAVEN.

Antes de la comida, ¡qué comida, por favor!, hilé la hebra con los hijos de Sacris, Daniel y Valentina, y con su mujer, Mamen, qué majos son. Mamen tenía que sujetar a Chispa, de raza bodeguero o similar, porque se quería echar al monte con las rehalas.

También conocí a Sergio Lumbreras y Juan Bautista Martín, de ASANAVEN (Asistencia Sanitaria a Eventos Cinegéticos). Me pareció un acierto enorme su contratación, ante cualquier incidencia sanitaria de cualquier tipo, actúan inmediatamente.

Se veía a los monteros en general, muy contentos.

Aunque, como es lógico, hubo un par de puestos más flojos, esta mancha de Matasanos no es nada fácil de montear.

Las 61 bocas. Foto: Huntertax

¡61 BOCAS 61! Un maravilloso Matasanos

Ante tanto manjar era difícil contenerse. Pero había desayunado tanto, que, tras el fabuloso y abundante aperitivo del almuerzo, me fui a fisgonear a ver cómo iba el plantel.

Por cierto, sobresaliente también para el Catering Cristina, pero sobresaliente muy alto, qué servicio, qué atención y qué calidad.

15:00 horas. Llegan los primeros cochinos.

Aquí es donde se ve la cantidad de personal que mueven este tipo de cacerías, y otra de sus características, hay que presentar el plantel perfectamente en el cemento, y es algo que lleva su tiempo.

Secretarios, cargueros, prácticos, la guardería, el equipo de Felipe y Marco, pick-ups, quads, caballerías… cargando en el monte, llevando los jabalíes a la junta de carnes.

Los rehaleros buscando los perros que faltan y atendiendo a los heridos.

El catering a tope con el almuerzo.

Matasanos

Sacris con el equipo cargando y después ordenando el plantel, según la categoría de las bocas, “este en primera fila, ese un poco más atrás”.

Los taxidermistas, con Juanjo Martín de Huntertax a la cabeza, abriendo las bocas de los navajeros para que se lucieran sus defensas.

El resto del equipo colocando adecuadamente los jabalíes con boca, y las cochinas, no se crean.

A todo esto, ya había llegado el camión frigorífico de Vencaza, la empresa cárnica de mi querida Las Ventas con Peña Aguilera.

Matasanos

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Una vez colocados correctamente todos los cochinos, un mar de helechos para presentar dignamente lo cazado, y para mí una señal de respeto hacia el animal cazado.

Todo con mucho gusto.

Prácticamente cuando Sacris dio el ok al plantel, comenzaron a llegar los cazadores que no regatearon elogios a la magnífica presentación de este.

Eran las 16:00 horas. ¡Increíble!

Recuento: ¡61 bocas 61! Joroba con el Matasanos… y 49 cochinas. ¡110 jabalíes en total!

Epílogo. ¡21 MEDALLAS 21! Matasanos

Hemos esperado a publicar esta crónica para dar tiempo a medir los trofeos, de los que han resultado un oro, cinco platas y quince bronces. ¡21 medallas 21!

Al día siguiente, como es normal en estos casos, se cobraron ocho jabalíes, tres con boca, dos muy buenos.

Atendiendo al plantel que se presentó, más del 55 % fueron machos con boca, y en esta casa los machos grandes de cuerpo, pero jóvenes y de escaso colmillo, pasan a la categoría de ‘cochinas’.

Con 19 % de medallas sobre el total de jabalíes cobrados, y un 35 % de los machos con boca fueron medalla.

 

Matasanos
Marco Antonio, como buen capitán de montería, preocupándose de los últimos detalles para cerrar un gran día de caza.

¡Ah!, y entre 12 puestos 12, ni uno más ni uno menos, o si lo prefieren, entre 12 rifles.

¡Cómo me trataron, señores, cómo me trataron! Me colmaron de atenciones y detalles.

Pendientes siempre de mí, que no me faltara de nada.

Miren que me han tratado -casi siempre- muy bien por esos montes de Dios, no pocos organizadores y propietarios son amigos, pero tengo que destacar que en Matasanos me sentí agasajado y honrado solo con estar allí.

Gracias en especial a Claudio, a Luis Felipe y a Marco Antonio, de corazón, en el que llevaré grabado por siempre a este Matasanos bueno y a esa querida sierra de España.

Cómo no podía ser de otra manera, de regreso a casa, comenzó primero un calabobos que poco a poco se iba transformando en aguacero, que rondaba la categoría de diluvio al incorporarme en Navalmoral a la autovía A-5.

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¡Bendita agua!

No cejaba en su empeño la lluvia, un río interminable de coches corría –bueno, correr no, que estaban casi parados– en dirección contraria a la mía, adentrándose en Extremadura para el Puente de Todos los Santos, pensando en que la lluvia podía respetar una fecha tan señalada y que no sé muy bien el porqué, pero siempre voy contracorriente, a la contra de cortadero, hice una última reflexión sobre los cercados de jabalí.

Hay cercados jabalineros y cercados jabalineros. Bien hecho me parece una opción perfectamente válida.

Quien no quiera practicar este tipo de modalidad, que no lo haga, esta en su derecho, solo faltaría.

Pero cuando se hace bien, repito, tiene más dificultad y encanto desde lo que desde fuera pueda parecer, y más sin conocerlo.

Yo, por mi parte, estoy deseando que me avisen al siguiente, a ver si es del corte de Matasanos, y cuchillo y máquina de fotos en ristre secundar a los que saben, rehaleros y guías, señal que ya no estoy cansado, aunque cansino voy a seguir igual.

Crónica y fotografías: Adolfo Sanz Rueda

Un cochino arocho, apenas con 45 kg tenía una boca notable.

FORMACIÓN DEL PLANTEL (Foto 1: 14 horas – Foto 17: 15 horas)

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DETALLE DE LAS DOS PRIMERAS FILAS DE BOCAS

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DATOS DE LA MONTERÍA

Finca Matasanos

OrganizaciónFinca Matasanos con Felipe Romero y Marco Antonio Martín como capitanes de montería 

Fecha: 29 de octubre de 2021

Finca: Matasanos Finca cerrada

 Término: Cilleros, Cáceres

Puestos: 12 / Cupo: 12 jabalíes / Rehalas: 6

Jabalíes: 110 (61 bocas, con 1 oro, 5 platas y 15 bronces).

Al día siguiente se cobraron 8 jabalíes más, con 3 bocas

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