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LAS CORZAS
GONZALO PALOMO SERVICIOS CINEGÉTICOS

La recepción para el sorteo en Las Corzas no puede ser más agradable. Saludar y charlar con tantos amigos –incluso familiares– hace que, cuando quieres darte cuenta, ya estés saliendo arreando hacia el puesto que te ha correspondido en suerte.

Un amanecer de ensueño, marca de la casa en el corazón de los Montes de Toledo
Ya he contado en otras ocasiones mi relación de amistad con la propiedad, César Dotu; con el gestor de la finca, mi hermano Paco Largo; y con la organización, Gonzalo Palomo Servicios Cinegéticos, representada por la familia Palomo Aranda: Loli, Gonzalo padre, Gonzalo hijo y Mario, además de ese estupendo equipo que los arropa y hace posible que todo funcione como debe.
Mariposas en el estómago. ¡Menos mal que ahí siguen! El día que desaparezca esa ilusión en los momentos previos a la cacería, apaga y vámonos: se acabó la caza.
Mas, sé perfectamente a lo que vengo. Posiblemente, esta sea la finca que más veces he monteado en mi vida, y eso son muchas monterías, que los años no pasan en balde.
Propiedad, gestor y organizador han conseguido, a base de mucho esfuerzo, que la montería de este coto cuente con una larga lista de espera de una temporada para otra. Algo que no se consigue por casualidad, sino a fuerza de hacer las cosas bien.

Una montería tan bonita como difícil
Monte, buen monte; eriales y pastizales, pedrizas, cuerdas, sopiés, arroyos –abundantes–, barrancos… y cortaderos, muchos cortaderos.
Y es precisamente esa configuración del terreno, con la mayoría de los puestos situados en cortaderos, la que obliga a cazar mucho de oído y multiplica la emoción. Además, Las Corzas es una mancha especialmente sonora: pueden coincidir varias ladras al mismo tiempo y provocar un auténtico estruendo, además de que aquí reses y cochinos literalmente rompen el monte, y qué decir de cuando cruzan una pedriza, entonces el estrépito es colosal…
Las condiciones son las mismas que en las últimas temporadas: jabalíes y muflones sin límite; en cuanto al cervuno, una cierva de cupo y los venados sujetos a una tasa de abate más que aceptable. Resulta que en Las Corzas lo que menos hay son corzas.


Ilusión
Y todavía hay más motivos para la ilusión. A comienzos de temporada, Las Corzas suele cargarse de venados grandes después de la berrea. Un aliciente añadido que invita a esperar que la jornada depare alguna de esas sorpresas que hacen grande una montería; aquí MONTERÍA, con mayúsculas.
Aunque en Las Corzas un venado de categoría medallable, un macareno con defensas imponentes o incluso un muflón de cumplida rosca no son una sorpresa, son una ilusión, tener la suerte de que cumplan en tu postura.
Por si faltaba algo, hay otro aliciente más: en esta mancha, todos los puestos son igual de buenos; todos, a priori, tienen bastantes posibilidades, independientemente de que después la climatología o el capricho de la caza hagan de las suyas.
Esta homogeneidad se demuestra en que la caza cumple normalmente por todo el mapa de la mancha, se reparte bien.

Seguridad, climatológia y rehalas
Gonzalo hijo se pone muy serio cuando, antes del sorteo, explica las normas de seguridad. Y hace bien.
Advirtió que, al estar situados la mayoría de los puestos en cortaderos, no se podía tirar a la contra, es decir, de venite. También indicó que, cuando las rehalas cruzaran el cortadero, algunas traviesas tendrían que cambiarse al otro lado.
Y anunció que se soltarían 16 rehalas en seis sueltas distintas.
Este es un aspecto importantísimo, ya que, por las características de la mancha que hemos comentado, el trabajo de los rehaleros y sus perros resulta fundamental. Además, al cazarse a comienzos de temporada, suele hacer mucho calor.
De ahí que las 16 rehalas fueran escogidas. Hace falta mucha brega y un trabajo preciso, bien hecho, tanto por parte de los rehaleros y los guías como de los propios perros…
La previsión meteorológica anunciaba lluvia casi segura a partir de las doce, pero esa amenaza se fue disipando. Así, el temor volvió a ser el de siempre por estas fechas: el calor. Eso sí, la temperatura de primera hora de la mañana era ideal para montear.
Aun así, la organización había señalizado puntos de agua por toda la mancha para que los perros pudieran beber.
Hago un espóiler: lamentablemente, hicieron falta.

El 3 de la traviesa del Corcho
La traviesa del Corcho es un ramal de tres puestos que une las armadas de la Cuerda del Corcho y de Pata Negra. De hecho, el número 3 de la traviesa podría ser, perfectamente, el número 8 de Pata Negra.
Es lógico que el puesto pertenezca al Corcho, ya que las posturas de esa traviesa tienen que cambiarse de lado cuando las rehalas cruzan el cortadero o acero. En Pata Negra, en cambio, los puestos no se cambian de lado, al tratarse de una armada muy larga, con cambios de rasante, por la que los perros normalmente no cruzan, por mucho que en esta ocasión, según se echó el ojeo, fuera traviesa y no cierre.
Imagínense una especie de «Y». El número 3 de la traviesa del Corcho –que todavía no he contado que fue el puesto que me correspondió en suerte– está justo en el vértice, en la intersección del cortadero de la traviesa con el de Pata Negra.


Perdices en el estómago
Mirando hacia el norte, hacia el pie de esa «Y», no había ningún puesto. Tras un monte con un cortadero, se abría un terreno limpio y llano, aunque lejano, por el que suele cruzar mucho cervuno, normalmente en carreras paralelas a la lejanísima malla que separa la finca del coto lindero por el norte.
En esa dirección se podía tirar con total seguridad.
Mirando hacia el sur, cuesta arriba, se abrían dos cortaderos en «V»: a la derecha, el de la propia traviesa del Corcho; de frente, el de Pata Negra.
Ambos tenían pendientes abruptas: el de la traviesa, desde el mismo puesto 3; el de Pata Negra, desde el puesto 7.
Hacia el sur, por tanto, había que extremar las precauciones en ambos aceros y, como había indicado Gonzalo, nunca disparar a la contra.
Es cierto que en Las Corzas hay mucha igualdad entre los puestos, pero las posibilidades que ofrecía el 3 de la traviesa del Corcho eran tantas que, más que mariposas, lo que tenía en el estómago eran perdices.

Con mi compadre Marco A. García
Suelo ser huraño con las compañías en los puestos de montería. No lo niego: me gusta estar solo.
A no ser que la compañía sea la de alguien especial. Y mi compadre Marco A. García lo es.
Le vuelve loco la caza selectiva. Prefiere un «paquete» de hembras en una reserva antes que un trofeo medalla. No exagero ni un ápice.
Aunque debíamos organizarnos bien.
En principio, portaría yo el rifle, pero, si entraban ciervas o muflonas, se lo pasaría con celeridad, siempre que pudiéramos hacerlo de forma segura, claro está.
Por mi parte, llevo años con una ilusión: cazar un venado en montería en Las Corzas o en el Barranco de la Hondonada. La tasa de abate es tan asequible que incluso está al alcance de mi exiguo peculio.
Si Marco tenía el rifle en ese momento y veíamos que entraba un venado –algo más sencillo por las características del puesto–, haríamos el proceso inverso.
Los cochinos y los muflones los tiraría quien tuviera el arma en ese momento.


Ritmo atípico en Las Corzas
El cielo pasaba de despejado, a nubes y claros, hasta casi encapotado, pero nunca como para llover, y otra vez casi despejado… Mientas que el calor iba en aumento. Malo para los perros.
Los monteros acudieron puntuales a la cita de las migas –siempre riquísimas las de Salones León–, a las ocho y media. A las nueve en punto, la familia Palomo Aranda comenzó el sorteo.
Hay armadas que tardan tres cuartos de hora en llegar desde el punto del sorteo, así que se decidió sortear según el orden de salida.
A las diez y cuarto ya estábamos en el puesto y las perdices del estómago se echaron a volar. ¡Qué nervios!
Otros compañeros todavía tenían un buen trecho por delante antes de llegar a sus posturas.
Con todo, se consiguió soltar a buena hora: las doce menos veinte.
Mala suerte para empezar. Un venado de buen porte se arrancó delante de parte de las rehalas que habían soltado abajo y se llevó a gran parte de los perros en una carrera frenética. Pasó por los limpios como un bólido, a unos 500 o 600 metros por delante de nosotros.
Pero la montería ya había adquirido un ritmo atípico antes incluso de soltar, pues se comenzó a tirar cuando todavía no habían soltado los perros.
Por las características de la mancha que ya hemos comentado, a Las Corzas le cuesta entrar en calor y la montería no suele animarse hasta que los perros aprietan.
Sin embargo, según nos íbamos colocando en las traviesas, ya comenzaron a tirar los cierres, seguramente a las reses.
Al soltar, lógicamente, arreció el ritmo de los disparos, esta vez acompañado de carreras y ladras.

Mucho cervuno por los limpios
Por los limpios cruzó mucho cervuno, más ciervas que venados. La caza iba y venía entre los últimos puestos de la Cuerda del Corcho –los números 7 y 8– y la casa: unas veces en dirección a esta, como había hecho el primer venado; otras, en sentido contrario.
Siempre lejos de nuestra posición, tanto que ni merecía la pena echarse el rifle a la cara.
Lo malo es que sacaron muchas carreras, en su mayoría infructuosas al salirse esa caza de la mancha, a los buenos perros. ¡Y el calor seguía aumentando!
Entre tanto, me dio tiempo a pasarle el rifle a Marco cuando una cierva asomó por el cortadero donde no había puestos, a buena distancia.
La rapidez con la que le pasé el arma a mi compadre, con seguridad y sin que la cierva nos barruntara, hizo que el primer disparo no fuera certero. El segundo, sin embargo, sí lo fue, cuando la cierva ya corriendo ganaba el monte.
Una cierva con unos excelentes lomos «de venado». ¡Qué buena y qué saludable es la carne de caza! (Reivindicación).
Poco después, con el cupo de ciervas ya hecho, otra rompió exactamente por el mismo sitio. Un par de minutos más tarde apareció una tercera, esta acompañada de una gabata.
Increíblemente, por los cortaderos en «V» no se movía nada. Hasta que, como al cuarto de hora de aquel desfile de ciervas, se arrancó una ladra profunda y larga, más bien en dirección al 2 de la traviesa.
Pero el cochino decidió adelantarse a la ladra y cruzó el cortadero a toda pastilla, a unos 50 o 60 metros. Pilló al cronista en guardia baja y mirando a Francia. No fui capaz ni de tirarle.

La extraña collera
Excelente el trabajo de las 16 rehalas, pero el calor arreciaba y hubo que recurrir a los puntos de agua que la organización había colocado tan acertadamente.
Aquel ritmo continuo de carreras, ladras y tiros –bastante repartidos por toda la mancha– iba decayendo, como era lógico.
Hacia las dos, aunque aún estuvieran rematando los perros, se podía decir que la montería estaba prácticamente terminada.
Poco después, por la parte del erial más cercana a nuestro puesto, apareció un buen venado, muy largo y con mucha fuerza abajo, acompañado de un vareto soberbio. Ambos se salían del cazadero a la chita callando.
Marco, sabedor de la ilusión que tenía, me animó:
–¿Por qué no lo intentas?
Ni se me había pasado por la cabeza.
Como buen previsor, había echado parte de su equipo de rececho. Consultó el telémetro y cantó la cifra:
–¡300 metros!
Estaba magníficamente apoyado y no había peligro alguno. La atípica collera se salía de la mancha, nadie más iba a tirar a aquel venado y yo ya había cobrado alguno a esa distancia con aquel rifle, aunque a rececho, eso sí.
La collera llevaba paso ligero, pero, si no se paraban, no dispararía.
¡Se pararon!
Con el pelo puesto, iba subiendo la cruz por la paleta, con la intención de colocarla un poco por debajo del lomo, cuando… ¡se arrancó de nuevo y tomó las de Villadiego!
Posiblemente la justicia montera me castigó y consideró que aquel no era un lance digno.
Oportunidad para el Barranco de la Hondonada, si es que se aguanta en la finca.
O, quién sabe, quizá para otra temporada…

¿El venado imposible?
Como ya he comentaso, desde que Gonzalo Palomo Servicios Cinegéticos instauró este sistema de abate del venado por una tasa asequible, hace ya diez años –los mismos que llevan organizando esta montería–, mantengo la ilusión de cazar un venado en Las Corzas.
Y no tiene que ser un medalla. Me basta con que sea un venado bonito, que me guste y que me regale un buen lance.
He tenido muy mala suerte en este sentido, pero, aunque parezca mentira, eso también forma parte del encanto de la montería: mantener vivo el aliciente, seguir esperando que algún día llegue ese lance soñado.
Ese venado, por ahora imposible, quizá fue aquel caballar larguísimo, espectacular –la única duda era el color de la medalla–, típico de los Montes de Toledo, que entró mediado entre mi querido y añorado amigo Antonio Sánchez (DEP) –en el 5 de la Cuerda del Corcho– y este cronista –en el 6–, un 12 de noviembre de 2011.
El uno por el otro, que si estaba más cerca de ti que de mí, no le tiramos…
Aún tengo grabada la imagen del gran venado mirándome parado antes de entrar con total parsimonia al monte.
Aquel venado que entró silente y tranquilo, nada más colocarnos y mucho antes de soltar, y del que nunca más se supo. Se lo tragó la espesura.

Pleno en Pata Negra y en la traviesa del Corcho
Ese goteo constante de disparos, nunca tiroteo, hacia presagiar un gran resultado.
En nuestra zona escuchamos no pocos tiros, sin ir más lejos, en el 2 de la traviesa del Corcho se cobró un buen navajero, mientras que Julián se hizo con dos cochinos en el 1, uno de ellos de magníficas defensas, medalla con seguridad, con mucho grosor de navajas.
Como nosotros, el montero que ocupó el 7 de Pata Negra se hizo con una cierva.
En el 6, José Carlos Arias, en un lance emocionantísimo que pudimos disfrutar con los prismáticos, se quedó con un gran y precioso venado de 16 puntas.
Peor suerte corrió el montero del 5, ya que le cumplió un venado aún mejor, pero al entrar a la contra de cortadero, de venite, no lo tiró.
Y es que esto redunda en que en esta mancha todos los puestos son buenos a priori.
En monterías con más reses y cochinos cobrados, los resultados en Pata Negra fueron mucho más dispares. En esta ocasión, se tiró en todos los puestos, pese a que, de cara a los monteros, no dejaba de ser un cierre: no se podía tirar a la caza que entraba a la contra desde la Cuerda del Corcho.
Otros monteros destacados de la armada fueron: Agustín Sánchez (dos venados en el 2), Eduardo Amigo (un venado en el 3) y Cuco Aliseda (un venado en el 4).


Feliz recuento
En el resto de armadas también hubo gasto de pólvora, y no poca.
José María Serrano, acompañado por su hijo Guillermo, no puede ser más majo el chaval, cobró un muflón muy grande y una muflona en el número 7 de la Cuerda de las Corzas.
Otro muflón muy bueno, además de un venado, cobraron los hermanos Bravo, Félix y Antonio en el 1 del Risquillo.
Francisco Javier se quedó con dos venados de excelentes hechuras en el 4 de Tragabalas.
Muy bonito también el venado de Jesús Ortuno del 1 de la Cuerda del Corcho.
Buen navajero el que echó a rodar Javier Gómez en el número 1 de la Casa. Y así, hasta completar un plantel más que notable…

El balance final fue de 15 venados, ocho de ellos realmente buenos con dos pendientes de medición; 19 cochinos, entre ellos cuatro navajeros: uno homologable sin duda y que puede dar una agradable sorpresa en la medición, y dos arochos que no aparentaban las buenas defensas que tenían; cuatro muflones, entre los que destacaban los dos ya mencionados; 27 ciervas y dos muflonas.
En total, 67 piezas.
Una vez más, quedó demostrada la eficacia del equipazo de Gonzalo Palomo Servicios Cinegéticos. Hacia las cuatro, más o menos, las 67 piezas estaban en el plantel, algo especialmente meritorio en una mancha donde el cobro resulta complicado.
Y todavía quedó tiempo más que suficiente para repetir las exquisitas patatas con carne de Salones León.

Otro día pletórico
Otra gozada de jornada, de esas en las que uno termina plenamente satisfecho, tanto a nivel individual como colectivo.
Mi felicitación de corazón a Gonzalo Palomo Servicios Cinegéticos, a la familia Palomo Aranda y al resto del equipo, también por cumplir diez años organizando una montería tan bonita y cumplidora en estas sierras tan monteras.
A mi hermano Paco Largo, ejemplo de gestor, que demuestra continuamente que la palabra ingeniero viene de ingenio. Y, cómo no, a ese anfitrión que siempre te abre las puertas de su casa con una sonrisa: César Dotu.
Enhorabuena a todos los monteros, especialmente a los que tuvieron la suerte de disfrutar de buenos lances; a los rehaleros, por su trabajo, y a cuantos, de una forma u otra, fueron partícipes de esta Las Corzas.
Regresamos a casa en animada charla Marco y yo, repasando una y otra vez las incidencias de la jornada. Había mucho que repasar.

Mega aguacero
Siempre que vuelvo y paso por el puerto del Milagro, si puedo, me gusta echar la vista atrás. Y como esta vez conducía Marco, así lo hice.
–¡Ostras, Marco! Vaya nubarrón que hay más o menos encima de Las Corzas.
Al llegar a casa, como es costumbre, me puse en contacto con Gonzalo para decirle que había llegado bien.
Lo que me contó me dejó de piedra.
–Pues aquí acaba de caer la mundial. ¡Han caído más de 50 litros en menos de una hora!
Hasta en eso hubo suerte. El agua que se pronosticaba para las doce se fue acumulando en la barriga de las nubes y acabó descargando con toda su fuerza unas siete horas después.
Una crónica de Adolfo Sanz Rueda
Fotografías: Adolfo Sanz Rueda y Gonzalo Palomo Servicios Cinegéticos
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DATOS DE LA MONTERÍA

Organización: Gonzalo Palomo Servicios Cinegéticos
Fecha: 17 de octubre de 2026
Hectáreas monteadas: 480
Localidad: Retuerta del Bullaque, Ciudad Real
Puestos: 49 / Cupo: 1 cierva; venados según tasa de abate. Jabalíes, muflones y muflonas sin límite / Rehalas: 16
Venados: 15 (8 muy buenos, con 2 para medir)
Jabalíes: 19 (4 navajeros grandes, con 1 medallable)
Muflones: 4 (2 destacados)
Ciervas: 27
Muflonas: 2


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