Aventuras en el Himalaya: a la caza del markhor de Astor

Eduardo Gerlero con su markhor de Astor, el último markhor que le faltaba por conseguir tras el de Sulaimán y el de Kashmir.
Por Eduardo Gerlero
De las tres especies de markhors que se pueden cazar, ya había obtenido el de Kashmir y el de Sulaiman y sólo me restaba el Astor, así que en una entretenida charla con Saeed Kahn durante la convención del Capítulo Italia del SCI, empecé a organizar su cacería.

Saeed es un paquistaní que proviene de una familia de muy buena posición económica, tienen entre otras cosas tres ingenios azucareros en Paquistán, y también una enorme planta eléctrica en Quetta en un joint venture con estadounidenses. Él vive en Tucson, Arizona, con su mujer e hijos, aunque también mantiene su residencia en Paquistán, donde pasa la mitad del año.
Saeed es el mayor cazador de markhors actual, caza estos increíbles animales desde que tiene nueve años, en los alrededores de su casa. De hecho, Saeed fue el primer ganador del Carlo Caldesi Award en 2005 con un espectacular markhor de Kashmir de más de 117 pulgadas.

Organicé la cacería para bien temprano en enero, durante el celo de los markhors, con Shikar Safaris. Conseguí también que Saeed viniera y fuera mi guía ad honorem y que la cacería se hiciera en el área de Gilgit Bunji, en el cañón del Diablo y en el Valle del Astor en Shaitan Nalla, y no en Chitral, que es donde van la mayoría de los cazadores.

Jornadas en blanco en el Valle del Diablo
Llegué a Islamabad temprano en la mañana del 6 de enero. En el aeropuerto estaba esperándome Saeed, y ambos volamos a Gilgit, mientras que el resto de la comitiva de Saeed –cocinero, ayudantes y un guardaespaldas– fueron por tierra. Nos alojamos en el Serena Hotel en Gilgit y esperamos hasta el siguiente día por los Land Cruiser de Saeed y del equipo de Shikar.
Cuando todo estuvo listo nos trasladamos a la zona de Bunji Shaitan Nalla y levantamos campamento en la boca del Valle del Diablo, donde el guía local Raja Naeem había avistado tres markhors, uno muy grande.

El clima era muy bueno y cálido, había un poco de nieve aunque sólo en los picos de las montañas. El celo estaba prácticamente terminado, los machos y las hembras estaban separándose. Nos pasamos todo el día ojeando y no pudimos ver ningún markhor.

Al día siguiente caminamos por todo el cañón, no era muy demandante pero sí extremadamente peligroso; varias veces tuvimos que atarnos, nos desbarrancamos pero sin consecuencias. Vimos varias pisadas de leopardo de las nieves y una carniza de Markhor. Al final de la tarde vimos dos markhors pastando muy lejos, seguramente el leopardo los había ahuyentado.

En vista de esto, decidimos mover el campamento a otro lado, a Bunji Hormash, para lo que cruzamos el río Indu y levantamos campamento en el otro margen. Era un muy lindo campamento cerca de una vertiente de agua termal en la que nos podíamos bañar. Desde el campamento ojeábamos las montañas de enfrente. Para cazar teníamos un bote de tres personas para cruzar el río. 
En el atardecer del tercer día vimos un lindo macho con una cornamenta bien abierta y larga, así que decidimos ir por él; pero tras cuatro horas subiendo la montaña, no pudimos encontrarlo, así que volvimos.

A la tarde siguiente vimos dos markhors con algunas hembras bajando hacia el río, por lo que decidimos levantarnos a las 3:30 de la madrugada para estar en el lugar durante la noche, pero desafortunadamente no los volvimos a ver.

Traslado a Dashkin
Una vez más, decidimos movernos a otra área. Primero fuimos a Gilgit, al Departamento de Caza y Pesca, para cambiar el permiso de caza para otra zona. El alcalde y el vice-alcalde del pueblo de Dashkin vinieron a la reunión y nos dijeron que en su comunidad había tres markhors muy buenos, uno de ellos aproximadamente con 42’’. En vista de ello, les transferí el permiso a ellos pero con opción de cambio de zona.

Después de disfrutar de un almuerzo en el Hotel Serena en Gilgit, nos fuimos a Dashkin, localizado en el Valle del Astor. Dejamos los autos en la ruta y nos tomó una hora y media subir por los senderos hasta el pueblo.

Muy temprano por la mañana empezamos a ojear las montañas de enfrente. Luego de varias horas uno de los locales vio un markhor echado debajo de un árbol muy alto, sólo se veían sus cuernos. Alrededor de las tres de la tarde el markhor empezó a moverse, pastaba y bajaba lentamente, se trataba de un buen trofeo, macizo y largo; se veía impresionante, por lo que decidimos ir por él.
Con las primeras luces empezamos a subir a la parte alta de la villa, pero como no pudimos ver el markhor ese día, hicimos noche en una casa para poder continuar al día siguiente. En cuanto amaneció lo vimos nuevamente en la cima, así que empezamos a subir desde la derecha y hasta unos 3.300 metros, donde hicimos un campamento (una carpa para Saeed y para mí) y en una cueva los demás.

Persiguiendo al gran markhor
A las dos y media de la tarde uno de los guías vio el markhor moviéndose hacia abajo, por lo que empezamos a bajar. Los lugareños sugirieron que el animal iría a comer al lugar donde lo habíamos visto anteriormente, pero el markhor se movió a otro lugar, un poco a la derecha, por lo que acordamos que sería mejor pasar la noche en ese lugar que volver al campamento. Enviamos a un par de locales por nuestras bolsas de dormir. El lugar era tan pequeño que no podíamos armar una pequeña carpa para dos personas. Decidimos no prender fuego, ya que esto podría ahuyentar al markhor; nuestros asistentes dormirían bajo una roca y sólo comimos algo de chapati.

Durante la mañana siguiente por primera vez hubo niebla, y luego nevó por espacio de tres horas. Tuvimos que improvisar un techo con la lona de 2×3 que teníamos debajo de las bolsas de dormir y con los palos de caminar. Estas condiciones climáticas hicieron que no viéramos al markhor ese día.

Saeed y yo decidimos que al día siguiente sería nuestra último chance, pues ya estábamos excedidos en días; si no podíamos abatirlo ese día, me iría de vuelta y volvería para fines de marzo.

Y la suerte llegó el último día
A las nueve de la mañana los lugareños que se habían quedado en el campamento bajaron con la buena noticia: habían visto al markhor en el mismo lugar del primer día, así que empezamos a movernos rápidamente. Tardamos tres horas y media  en llegar hasta el lugar donde el markhor estaba aún echado, en el otro lado de la ladera.

Nos pusimos en posición de tiro a unos 350 metros de distancia de donde pensamos que el markhor aparecería, pero nuestro ángulo era muy pequeño y las probabilidades muy bajas, por lo que tomamos la decisión de arriesgarnos y, muy despacio, nos acercamos unos 100 metros hasta escondernos detrás de unos arbustos. Mi visión era perfecta, cubría un enorme espacio. Me acosté sobre unos arbustos y apoyé el rifle sobre mi mochila, pero la inclinación no me permitía apoyar mis pies y me deslizaba hacia atrás. Entonces Raja Naeem fue por detrás y ató mi pie izquierdo a una rama, y así esperamos, durante dos horas, a que apareciera el markhor.
Alrededor de las 2:30 de la tarde el markhor apareció en la cima, muy despacio, observaba cuidadosamente todo antes de moverse, y lentamente empezó a bajar. Lo tenía a tiro, pero Saeed me susurró que esperara, si caía en ese lugar –era un gran acantilado-, no podríamos recuperarlo, y tanto los cuernos como el cuerpo se dañarían por completo. Cuando cruzó el acantilado y estaba a 245 metros, disparé. El proyectil lo impactó detrás del hombro y salió por el lado opuesto. Caminó unos 60 metros y se detuvo, momento en que volví a disparar rompiéndole ambos hombros, haciéndolo caer unos 50 metros más abajo sobre unos arbustos.

Como era muy difícil traer el markhor a la noche, dos de los lugareños fueron y lo cubrieron con ramas y piedras. Pasamos la noche un poco más abajo, debajo de una gran roca. Temprano por la mañana empezamos a bajar, mientras que un equipo de seis lugareños fue en busca del markhor.  A mitad del camino nos encontramos y sacamos las fotos de rigor e hicimos el vídeo, para luego seguir bajando hasta el pueblo.

Los lugareños, como es habitual, nos prepararon una ceremonia y un almuerzo, durante el que hubo discursos del Intendente, de Saeed y mío. Luego emprendimos el regreso. A las 8:30 de la noche ya estábamos en el Hotel Serena en Gilgit. Al día siguiente volamos a Islamabad y al otro día tomé un avión de Emirates que me dejó en Los Ángeles, donde conecté para Reno y poder asistir así a la convención del SCI al menos dos días y monedas.

La cacería fue espectacular, la compañía de Saeed le agregó algo especial y el trofeo es un “must”, tener tres especies de markhor es algo difícil de obtener y finalmente lo había conseguido.

Artículo reproducido por cortesía de la revista Safari Sur, publicación oficial del SCI Argentina.

Con Saeed y uno de los guías en el punto de unión de las tres cadenas montañosas más importantes del mundo, el Karakora.
En el campamento de aguas termales de Bunji Hormash.
Una parada a mitad de camino hacia la cima.
Durante la nevada tuvimos que improvisar un techo con la lona de 2×3 que teníamos debajo de las bolsas de dormir y con los palos de caminar.
Los asistentes durmiendo debajo de la rocas.
Foto de familia de todo el grupo de locales junto a Gerlero, Saeed y el markhor de Astor que tanto trabajo costó cazar.
Ceremonia en Dashkin con el Intendente, Vice- Intendente, Saeed y yo.

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