Cazando en las Rocosas

Después de terminado el Curso de Guías y Porteadores brindado por Winterhawk Outfitters, el equipo SCI de Latinoamérica (Santiago Rossi, Leonel Duran, Gaston Orru y Martin Peyloubet) pasó a formar parte del staff de guías de la operación. 

 

Una operación cinegética de gran logística, que cubre unas 250 millas cuadradas de territorio en medio de las Rocosas, en Colorado. Con más de quince campamentos distribuidos entre el gran campamento base, los campamentos guiados (delux camps) y los drop camp (campamentos DYS), es una zona con muy buena densidad de elk y ciervo mula, existiendo la posibilidad de ver algunos alces de la subespecie shiraz, oso negro, bighorn sheep y algún que otro pronghorn.

 

Un poco de cacería…

El despertador suena a las 2.50 am para estar tener ensillados a los caballos a más tardar a las 3.15 am. Después, hay que despertar a los clientes y estar desayunando a eso de las 3.30 a 4.00 am. Un buen desayuno, al estilo americano, empacar algo para almorzar durante el dia y ¡listos para salir a cazar! El campamento base está en el medio de las zonas de caza, así que las cabalgatas matutinas no llevan más de una hora (quizás dos, en búsqueda de lugares más remotos). 

Diferentes técnicas de caza se aplican según sea temporada de arco (donde se centra la época de celo del elk) o temporada de rifle. Las primeras semanas de cacerías son destinadas a los arqueros, pues es cuando los ekl están más activos y más berrean, con lo cual la cacería es mucho más activa, utilizando reclamos con los que tratamos de atráelos a distancias de tiro (que no superen los 50 metros). Ya en la temporada de rifle, donde los machos se empiezan a separar de los harenes de hembras, la cacería es más estática, y los esperaremos en zonas donde suelen salir de los espesos bosques a pastar o en los senderos en los que se suelen mover durante las primeras o últimas horas del días.

En particular, este año de cacería no tuvo buenas tasas de abates, aunque sí tuvimos muchas oportunidades de tiros y acercamientos que no resultaron exitosos. Por suerte, los latinos tuvimos la suerte de cobrar más del 60% de los animales cazados en salidas guiadas.

 

Una de arco y flecha

Primer día de la tercera semana de arco. Después de atar los caballos, muy temprano por la mañana tuvimos el primer encuentro con una muy preciosa manda que, después de responder a unos cuantos de mis reclamos, decidió seguir su camino y no nos dio oportunidad de tiro (aunque estaban a unos 100 metros de donde tenía situados a mis cazadores). El macho que lideraba la manada nos respondió con mucho entusiasmo, pero nunca quiso alejarse de sus hembras, las cuales volvía apuradas a sus encames.

Escuchamos algunos blugles (lo que sería el bramido de nuestro ciervo rojo) después de ese encuentro, pero, rápidamente, todo el bosque enmudeció y nos dedicamos a revisar algunas laderas con los binoculares, almorzar y dormir la siesta para estar listos cuando los elks se volvieran a mover.

A eso de las 16.30 horas vimos una hembra saliendo a un claro, al cual podíamos llegar, y enseguida emprendimos el acercamiento. Al poco tiempo estábamos listo para empezar a reclamar y ver si podríamos atraer la atención de alguno de los machos que, suponíamos, andarían merodeando en las cercanías.

Algunos cow calls sosteniendo mi decoy y ya tenía la atención de un par de hembras que vinieron a investigarme hasta unos 20 metros. De fondo podía escuchar a algunos machos raspando sus cuernas contra los abetos: era hora de ponerse más agresivo y presumir que había otro macho rondando la zona. Solté unos suaves blugle y lo seguí con una serie de reclamos de hembras, lo que llamó la atención de uno de los machos de la manada, haciéndole salir al claro. Unos minutos después lo tenía a unos 15 metros, muy dispuesto a expulsar al intruso que pretendía robarle sus hembras. Se decidió a rodearme y, en cuanto empezó a caminar hacia uno de mis lados, el cazador, ya con su arco abierto y listo para disparar, no dejó pasar la oportunidad y puso un muy buen tiro en una zona vital, dando una muerte rápida y limpia a este bonito elk.

La temporada de arco quedo atrás y ya recibíamos los primeros fusileros en el campamento base.

Así es como llegó Aby, un joven de 16 años, acompañado de su padre, Jorge, en búsqueda de sus primeros elks.

Como en todas las cacerías guiadas, la noche en que llegan los cazadores se hacía una pequeña reunión para aclarar ciertas cuestiones, como seguridad, trofeos legales, expectativas y demás detalles para que todo saliera de la mejor manera posible. Leonel Durán, de México, estaría guiando este dúplex de padre e hijo por los siguientes seis días.

 

Primer día de cacería

Ya todos habíamos definido nuestra zona de caza para el primer día y Leo decidió salir con los caballos montaña arriba, y usar una de las camionetas para revisar las laderas al sur del campamento, donde habíamos visto actividad en las anteriores semanas y existía la posibilidad de ver algún ciervo mula, ya que Aby también tenía un precinto de esta especie.

Con las primeras luces ya estaban situados en uno de los caminos que bajaba de la montaña esperando a algun mule deer o ekl. El sol seguía subiendo y no se veía movimiento alguno en la zona.

Sin dejar de observar con sus binoculares y volviendo sobre una ladera que ya tenía revisada, Leo divisó un hermoso macho solitario. Jorge le había dado prioridad de tiro a Aby, así que, rápidamente, los tres empezaron a acortar distancias a este macho, que se encontraba a m´às de 1.000 metros. Cuando llegaron a la mitad del cañón se encontraron que no tenía más vegetación que ocultara su aproximación y había muchas posibilidades de que el elk los viera si intentaban cruzar el arroyo que tenían más abajo.

Telémetro en mano, midieron 450 metros, un tiro largo y más para el .308W que llevaba el niño; aún así no era imposible, por lo que acomodaron un buen apoyo en una gran roca y decidieron afectuar el tiro y ¡bumm! Leonel, mirando por los binoculares, vio que el disparo había sido bajo y mientras el elk se giraba para mirar de dónde venía el ruido, rápidamente Aby realizó otro tiro que impactó de forma impecable. Jorge ayudó con un tiro de remate y todos pudieron ver cómo el elk se tumbó para no volver a moverse.

Todos sabían que se trataba de un muy bonito animal, pero cada vez que acortaban la distancia se iban dando cuenta de qué grande era. Según las mediciones en fresco que hicimos en el campamento nos dio una puntuación de 310” 3/8, una medición muy buena para los trofeos que se suelen dar en esta área.

Ya con la licencia de elk cubierta era hora de conseguirle un ciervo mula a Aby. Un día de descanso después de este inmejorable comienzo y ya estaban listos para salir de nuevo ahora buscando un muly.

Ya teníamos localizada una manada de cin machos con un par que eran, definitivamente, shooters. Temprano por la mañana, Leo, Aby y Jorge salieron en búsqueda de alguno de esos bura y nos les llevó mucho encontrar el grupo. Lo que no podían ver era el 5×5 que estaban buscando y los otros machos que tenían a tiro eran demasiado jóvenes. De repente, del denso bosque de Sprus Tree salió el candidato que estaban buscando. Un rápido tiro del .308 llevó al suelo a este bonito ejemplar. ¡Tercer día de cacería y el pequeño hombrecito de corta edad tenía en su haber un hermoso elk y un muy bonito ciervo mula!

 

Santiago Rossi

 

 

 

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