CITES rechaza prohibir la exportación de trofeos de oso polar.

La iniciativa diplomática iniciada desde hace seis meses por Estados Unidos para incluir al oso polar como especie en peligro de extinción, en el Apéndice I de la CITES, no ha sido finalmente aceptada.

 

En el día de ayer, 7 de marzo, los 178 países que participan en la Convención CITES decidieron que la propuesta de EEUU carecía de la base científica necesaria para la inclusión del oso polar en el Apéndice I y que no era más que un movimiento político solicitado por el Gobierno de EEUU.

En Bangkok, en la XVI Conferencia de las Partes de la CITES, la propuesta de EEUU de incluir al oso polar el Apéndice I ha sido rechazada enérgicamente, puesto que la especie no cumple los criterios biológicos para justificar este cambio. Estar clasificado en el Apéndice I de CITES proporciona el máximo nivel de protección y la prohibición de todo el comercio de esa especie.

El oso polar no ha experimentado una notable disminución de su población. Su densidad mundial no es pequeña, estimándose en 20.000-25.000 individuos. Su área de distribución no está restringida, extendiéndose a lo largo de varios millones de kilómetros. Y estos hechos son los criterios biológicos que la delegación conjunta de la Fundación del Safari CIub Internacional y el Safari CIub Internacional (SCI) presentaron a muchos de los 2.000 delegados que asisten a esta convención.

La propuesta de EEUU se basaba en la especulación de que en los próximos cincuenta años el cambio climático podría conducir a la pérdida del hielo marino, hábitat del oso polar. Pero los modelos utilizados para predecir el cambio climático tienen altos niveles de incertidumbre. Además, muchas cosas pueden suceder en cincuenta años. Los osos polares pueden adaptarse y sobrevivir, pueden encontrar abundantes recursos alimenticios en la tierra, como las focas, incluso si el hielo del mar se pierde. Hay muchas dudas asociadas a la propuesta de EEUU, lo que sustenta el hecho de que la dicha proposición tiene, fundamentalmente, una base política.

Estados Unidos y los grupos de derechos de los animales han aprendido con esta decisión de CITES que la política y el sentimentalismo no son suficientes para influir en la votación sobre el oso polar. Esta lección debería haberse aprendido hace tres años en la XV Reunión de las Partes de la CITES, cuando una similar propuesta de EEUU sobre el estatus del oso polar también fue rechazada por un amplio margen.

En el debate sobre el tema, Groenlandia, entre muchos países participantes, fue clara al decir que las decisiones importantes no se deben basar en la política, sino en la ciencia. Observaciones similares fueron hechas por los representantes de los inuits de Canadá. Canadá señaló todo el trabajo científico que están haciendo para la gestión de oso polar, afirmando que “en ninguna parte está el oso polar más estudiado que en el Ártico canadiense”.

La Unión Europea, que controla los votos de un bloque de 28 países, trató de llegar a un compromiso entre Canadá y Estados Unidos. Aunque la Unión Europea hizo presente una propuesta alternativa más razonable y menos restrictiva, fue rechazada también por las partes.

Aunque muchos países están preocupados por los impactos del cambio climático, la votación del 7 de marzo ha favorecido a los estudios científicos y el uso sostenible de la especie, dejando claro que el comercio internacional no ha sido una amenaza para el oso polar. 

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