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‘Por si Foxá’ de Ángel Luis Casado con presentación de Laureano de Las Cuevas

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Ángel Luis Casado Molina: «Yo también tenía preparado este ‘Por si Foxá’, que, desde hoy, paso ya a titular: ‘Por el Foxá’».

Ocurrió el pasado 11 de junio, en la entrega de los premios del Real Club de Monteros –RCM– que se celebró en el Club de Tiro Cantoblanco, la sede del RCM.

Antes que nada hay que destacar el exquisito menú basado en carne de caza.

Reunión en la que se encontraba lo más granado de nuestro panorama cinegético.

De entrada, Lolo De Juan actuó de maestro de ceremonias, lo bordó, además Lolo consiguió el Premio Literario Jaime de Foxá en la edición de 2017, por aquel magistral ‘El lobo cerval’ que se publicó en el último número impreso de Caza y Safaris.

Se entregaron los premios Personalidad Venatoria y Arte y Cultura, a SAR Teresa de Borbón-Dos Sicilias y a Miguel Ángel Moraleda respectivamente.

César Fernández de la Peña y Lolo De Juan.
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Ramón Pérez-Maura, María López, Enrique del Águila y Ángel Luis Casado.

Y llegó la hora de otorgar el Premio Literario Jaime de Foxá 2025…

Ni más ni menos que César Fernández de la Peña, secretario del premio y anterior presidente del RCM, leyó el acta del jurado como corresponde a su cargo.

La medalla conmemorativa se la entregó al ganador, Ángel Luis Casado Molina, el presidente del jurado, un periodista de la talla de Ramón Pérez-Maura, director de Opinión del periódico El Debate y Premio Foxá 2015.

Y por si faltaba algo, los patrocinadores del premio, Casa del Águila, Enrique del Águila y su esposa María López, hicieron entrega del cheque de 3.000 euros asignado al ganador y de la magnífica placa conmemorativa realizada en madera de olivo centenario.

Presentación de Laureano de Las Cuevas Álvarez

La presentación de Ángel Luis Casado llegó de la mano de otro insigne escritor, Laureano de Las Cuevas Álvarez, vicepresidente primero del RCM –por lo que no puede optar al Foxá– y ganador del I Certamen Literario Antonio Mata Huete.

Brillante presentación de Laureano de Las Cuevas.

De esta tan brillante manera se pronunció Laureano:

«Vuestra alteza real, excelentísimo señor, señoras, señores; amigos todos. Buenas noches.

Me van a disculpar -o quizá agradecer- que sea extremadamente breve, pero de Ángel Luis Casado hay poco que decir y mucho que leer.

Hace unos años tuve el honor de prologar, a mi manera, el quinto libro de Ángel Luis; ‘Hablando de corzos’. Aquel texto, a guisa de prólogo, llevaba por título ‘No hay quinto malo’.

Lo escribí convencido de que había encontrado una frase ingeniosa. Aunque intuía que Ángel Luis pensaba coronar la faena, lo que nunca pensé fue que el sexto de la tarde arrancaría de toriles en forma de cuento infantil.

Ángel Luis procede de una familia donde la afición cinegética se transmite con más fidelidad que muchas genéticas. Su abuelo era cazador, su padre era cazador, él es cazador y, para rematar la tarde, también su suegro lo es. Vamos, que en esa familia lo verdaderamente extravagante hubiera sido dedicarse a coleccionar estampitas.

«No golpea los cuadraditos del teclado, dibuja sus vivencias sobre un lienzo de papel»

Ángel Luis no es un escritor al uso. No golpea los cuadraditos del teclado, dibuja sus vivencias sobre un lienzo de papel. Es uno de esos hombres que observan, escuchan y almacenan historias durante años para contarlas después con la frescura de haberlas vivido ayer. Cuando uno lee sus artículos no le resulta difícil ponerse en la piel de aquellos que escuchaban al viejo santón del clan, al calor del fuego, transmitiendo una y otra vez, sin repetirse, lo visto y aprendido en el monte. Y, si me permiten la licencia, apetece dejar plasmada la palma de la mano junto a la suya en ese firmamento de animales, figuras y azagallas.

Quizá por eso sus escritos resuenen tan cercanos. Porque detrás de ellos no hay un autor empeñado en demostrar que lo es, sino un cazador que habla de lo que conoce.

Y eso, créanme, es mucho más difícil de lo que parece.

«Lo que hoy reconocemos no es únicamente un artículo o una historia bien escrita»

Pero lo que hoy reconocemos no es únicamente un artículo o una historia bien escrita; reconocemos además una vida ligada al campo y a la caza. Cazadores que escriben hay muchos. Lo extraordinario es encontrar a alguien capaz de convertir esas vivencias en literatura y hacerlo con una voz propia, sincera y sin edulcorar.

Por eso este Premio Jaime de Foxá cobra en él, todo su sentido. Pues reconoce a un hombre que no solo ha vivido la caza, sino que además ha sabido compartirla, con una calidad y cercanía que distingue a los pocos autores que la alcanzan.

Y ahora que ya ha lidiado el sexto, y no con oreja y vuelta al ruedo sino, ni más ni menos, que en la trigésima edición del Jaime de Foxá, solo cabe preguntarse una cosa: ¿Quién va a ser el guapo que le diga que ya no hay morlaco? Yo no.

¡Gracias, maestro!

Va por ustedes…».

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«Este manojo de palabras lleva por título: ‘Por si Foxá’»

‘Por si Foxá’

Ángel Luis, tras agradecer sus palabras a Laureano, y arrancar su discurso igualmente de gratitud con un «este manojo de palabras lleva por título: ‘Por si Foxá’», expuso con magisterio:

«Cuando son las canas las que van marcando el pulso a mi escritura, echo la vista atrás intentando hallar de dónde vino todo.

No lo sé, pero de mi temprana juventud añoro un legajo sin pastas, con algunas hojas de menos, que hablaba de cacerías en fincas de mi entorno, bañadas por el Guadiana: Masegoso, El Campillo, Navalmoro, La Gargantilla, Los Santiagos… El caso es que su lectura me enganchó de tal modo que lo guardé como si fuera un tesoro, tan bien, que nunca más supe de él.

Pero, aun tal y como estaba, desaliñado y trasquilado de hojas, hoy tendría un lugar en el anaquel de mis elegidos, entre ‘Solitario’ y ‘Relatos de montería’, donde las rehalas aguardan la suelta por el lector que abra sus páginas. Páginas que destilan aroma a monte, invitando a perderse en ellas con los zahones puestos, y a respirar el olor a pólvora del rifle que, en la soledad del puesto, acaba de ser descargado, cortando la carrera a la res que se escurría por el puntal…

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Ángel Luis con su esposa, Isabel Díaz, y con su hija María.

«Soy tanto de mesa y mantel como de sartén, cucharada y paso atrás»

Yo, que soy tanto de mesa y mantel como de sartén, cucharada y paso atrás, busco el trascacho que me proteja del viento urbano, porque nunca me sentí cómodo del todo en un solo lado. Creo que se puede ser muy de campo viviendo en la ciudad, y muy urbano viviendo en el campo, dejando a un lado –y en evidencia– esas viejas ideas establecidas de suma cero.

Añoro aquel tesoro, del que no recuerdo título ni escritor, tanto como la calidez de una buena conversación en la mejor compañía. Me dejan frío las conversaciones vacías y quizá por eso intento que mis libros y artículos acerquen la caza a quienes viven lejos del campo… o cerca de él, pero de espaldas.

Todo cobra sentido cuando artículos y libros escapan de las manos del autor y alcanzan al lector, que sabe escuchar la naturaleza y el latido de lo rural antes de que el silencio lo inunde todo.

Argumentos que, sin duda, transitan el camino marcado por este preciado Premio Jaime de Foxá.

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Las familias Casado – Díaz y del Águila – López.

«Escribir ha sido el mejor de mis trofeos»

Tanto en la adversidad que vive la caza como en el ejemplar perdido del que les he hablado, se escondía la oportunidad que el destino me tenía reservada. Ahí hallé razones que impulsaron mi escritura hacia los demás, aportando mi grano de arena a la divulgación de la caza, convencido de que cazar es conservar, porque redunda en la protección activa y continuada de la naturaleza.

La fracasada búsqueda de aquel desarrapado libro me llevó a creer que su verdadero valor se hallaba en su narrativa. Me cautivaron tanto su lenguaje como sus historias, de las que únicamente recuerdo la del último lobo avistado (olvidé si también cazado) en La Gargantilla, allá por los 50 del siglo pasado, de donde vengo. Aquellos relatos me impulsaron a contar los míos siguiendo el mismo camino: el de la prosa sencilla, humilde y descriptiva que tan hondo me habían calado, que debieron permanecer ocultos en los pliegues de la edad, hasta surgir, hace ya más de una quincena de años.

Escribir ha sido el mejor de mis trofeos.

Por eso hoy estoy aquí.

Gracias a lo escrito vivo este día tan especial e inolvidable con ustedes.

En esta ocasión acompañados por la presidenta del Real Club de Monteros, Carmen Basarán.

«He soñado despierto con este momento y mentiría si dijera que no lo he buscado»

Les aseguro que he soñado despierto con este momento y mentiría si dijera que no lo he buscado. Mentiría si dijera que no he intentado escribir para estar, al menos, entre los elegidos. Mentiría si dijera que pienso que me lo merezco. Y, por último, también mentiría si dijera que no les estoy profundamente agradecido.

Al igual que Álvaro Pombo tenía escrito «desde hace muchos años, por si acaso le caía del cielo…» su discurso del Premio Cervantes, yo también tenía preparado este ‘Por si Foxá’, que, desde hoy, paso ya a titular: ‘Por el Foxá’.

Y, mientras tanto, la caza sigue.

¡Buenas noches!».

Ángel Luis Casado Molina

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