Con la caza a cuestas Con la caza a cuestas

Que la llama no se apague; por Ángel Luis Casado

Que la llama Caza
Que no se apague la llama de un futuro mejor, antes de que todo termine siendo un erial.
Fotografías: Rubén Báez Agudo

Perder la vida, la vivienda, el ganado…, no sólo se quema el monte, no. Hay recuerdos, sentimientos y esfuerzos de una vida sin asiento en el Registro de la Propiedad que también arden y se pierden. Pérdidas que nos hacen sentir huérfanos, sin rumbo. Ver desaparecer, tras años de vida, un entorno que deja de existir provoca un dolor para el que no sirven las ayudas públicas, ni los analgésicos.

Tierra convertida en cenizas, asolada; desolador tapiz. Tu tierra, nuestra tierra. El olor a quemado y el silencio borran hasta el porvenir de los damnificados, y el nuestro como solidarios afectados.

El daño mina la moral de todos, principalmente de mayores y jóvenes que ven un horizonte de vida desdibujado. La esperanza de recuperar lo quemado quizá sea la única energía para seguir adelante mientras llegan los brotes verdes a cambiar el negro horizonte.

Que la llama Caza

¿La culpa es del cambio climático?

Exceso de materia combustible, pero «la culpa es del cambio climático». Sin negar la mayor, conviene preguntarse qué se ha hecho en los últimos ocho años de gobierno, en los que hemos pasado de 18 hidroaviones a tener sólo 7 en uso. ¿Es esta toda la explicación?

También hemos sabido que contratos para la explotación y limpieza del monte en la Comunidad de Madrid fueron bloqueados por grupos ecologistas entre Almorox, Robledo de Chavela, Pelayos de la Presa… (83.900 hectáreas), evitando una labor más que necesaria, convirtiendo los cortafuegos en pasos de apenas tres metros, que cualquier incendio, por pequeño que sea, se lleva por delante, y que, hoy, son pasto del reciente gran incendio que ha asolado la zona.

Y nos vuelven a dar los mismos argumentos que en años anteriores ante el mismo problema, ¡un año más! ¿Hasta cuándo? Vuelven a hacer propuestas, cuando pedimos y necesitamos respuestas. Acciones, no palabras. Las promesas no hacen volar a los hidroaviones, los presupuestos, sí.

Ni el agua basta para apagar el fuego

Estamos en un punto en el que ni el agua basta para apagar el fuego. Cuando el monte acumula durante años un exceso de combustible, la extinción deja de ser suficiente si antes no ha habido prevención. Apuntaba Santiago Calvo, en una columna publicada en el diario El Mundo, que «el monte que no renta arde». Esa reflexión me recuerda a una de las razones que exponemos los cazadores cuando de defender la caza se trata: caza prohibida, caza extinguida. Porque cuando desaparece quien cuida, vigila y mantiene el monte, este termina perdiendo también parte de su protección.

No hay población, sobra burocracia y el ganado extensivo parece generar más obstáculos que apoyos

Inviable me parece ya la recuperación de muchos usos ancestrales: no hay población, sobra burocracia y el ganado extensivo parece generar más obstáculos que apoyos. Sin embargo, dicen los que saben de esto que la prevención es menos costosa que la extinción. Ahí cobra sentido la reflexión de Calvo: es imprescindible encontrar una rentabilidad ligada a la conservación, ya sea mediante la biomasa, el pastoreo u otras fórmulas que devuelvan vida y actividad al monte.

Pero todo ello exige algo previo: colaboración entre administraciones. La única frontera que debe existir entre administraciones ha de ser la del respeto. Resulta inadmisible que el pirómano del entendimiento pueda estar sentado en la Administración Pública.

Tiempo y dinero para llevar a cabo lo que no se ha hecho en años vamos a necesitar, pero si hay que empezar, mañana es tarde.

Que no se apague la llama de un futuro mejor

Confiar en recuperar lo quemado será la fuerza para seguir luchando y volver a ver el verde dibujado en el paisaje, para que vuelvan las abejas a polinizar las flores, donde la liebre envele las orejas, la tierra sea volteada por el jabalí en su nocturno deambular, se vuelva a escuchar al corzo ladrar desde la oscuridad del bosque y el ganado regrese porque hay pastos en el lugar.

Que no se apague la llama de un futuro mejor, a pesar de tanto infierno. La llama de la unión, de la lucha, de todos juntos contra esta maldita plaga que nos arrasa, antes de que todo termine siendo un erial.

Que la llama no se apague; por Ángel Luis Casado Molina

XXX Premio Literario «Jaime de Foxá»

www.librosdecaza.es

Fotografías: Rubén Báez Agudo (Reserva Regional de Caza de Sierra de la Culebra)

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