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Un metro de vida

un metro cazador
Un metro de vida: carta abierta a quienes mantienen vivo el campo.

Un metro de vida

Carta abierta a quienes mantienen vivo el campo

Por Víctor Villalobos

Teléfono: + 34 657 667 133  / Correo electrónico: guardarural-ftsp@usoandalucia.net

Una llamada a agricultores, cazadores, propietarios y gestores del territorio para proteger nuestra fauna sin enfrentar producción y conservación.

Hay personas que conocen el campo.

Y hay personas que viven el campo.

Nuestros agricultores pertenecen a ese segundo grupo.

Son los primeros en llegar y, muchas veces, los últimos en marcharse. Conocen las tierras, los caminos, las lindes, los arroyos y hasta los cambios del terreno que para muchos pasan completamente desapercibidos.

Son quienes mantienen cultivado nuestro territorio y quienes, generación tras generación, han aprendido a convivir con una naturaleza que no siempre pone las cosas fáciles.

Por eso, esta no pretende ser una carta para decirle al agricultor cómo debe trabajar.

Es una carta para pedirle que nos ayude a conservar aquello que todos queremos seguir viendo en nuestros campos.

Porque el agricultor no es el enemigo de la naturaleza.

Es parte de la solución.

CUANDO LA COSECHA CAMBIA EL PAISAJE

Quienes trabajamos en el medio rural sabemos lo que ocurre cuando llega la cosecha.

En cuestión de horas, una parcela que durante meses ha ofrecido alimento y cobertura puede quedar completamente despejada.

Para nosotros es simplemente el final de una campaña agrícola.

Para determinadas especies puede significar la pérdida repentina de refugio.

Perdices, codornices, conejos, pequeños mamíferos, reptiles e innumerables especies de insectos utilizan los márgenes y lindes agrícolas.

Y ahí surge una propuesta tan sencilla como importante:

Siempre que sea viable y compatible con la explotación y con la normativa aplicable, conservar aproximadamente un metro de vegetación en determinadas lindes y márgenes.

Un metro.

Parece insignificante.

Pero en el campo, muchas veces, lo pequeño tiene una enorme importancia.

Ese metro puede ser hierba, vegetación espontánea, un pequeño margen que para nosotros apenas tiene valor productivo, pero que para un animal puede significar tener donde esconderse, descansar, alimentarse o desplazarse.

LA ÉPOCA DE CRÍA: CUANDO MÁS NECESITA PROTECCIÓN LA FAUNA

Pero la conservación no empieza ni termina el día de la cosecha.

Existe otro momento especialmente delicado: la época de reproducción y cría de nuestras aves agrícolas.

Durante la primavera y buena parte del periodo reproductor, especies como la perdiz roja, la codorniz y otras aves que utilizan los cultivos y sus márgenes para nidificar pueden estar incubando sus huevos o criando a sus polluelos.

En esos momentos, cualquier alteración de su hábitat puede tener consecuencias importantes.

Fechas que debemos tener en cuenta

En el campo, el calendario también importa.

No todas las especies crían al mismo tiempo y los periodos pueden variar según la zona, la climatología, el hábitat y las condiciones del año. Pero, de forma orientativa, en buena parte de Andalucía podemos considerar:

Perdiz roja: principalmente entre marzo y julio, con especial sensibilidad durante abril, mayo y junio.

Codorniz: principalmente entre mayo y agosto, aunque su periodo reproductor puede variar según las condiciones y la llegada de las aves.

Otras aves agrícolas y esteparias: muchas concentran su reproducción aproximadamente entre marzo y julio, aunque cada especie tiene su propio calendario.

Por ello, entre marzo y agosto debemos extremar la atención en aquellas zonas agrícolas donde exista presencia de aves reproductoras, especialmente cuando se realizan trabajos que puedan afectar directamente a la vegetación, las lindes o posibles zonas de nidificación.

No significa que durante esos meses deba paralizarse la actividad agrícola.

Significa algo mucho más sencillo: observar antes de actuar.

Si durante los trabajos agrícolas se detecta un nido, una puesta o una pollada, lo razonable es señalizar la zona y, cuando sea técnica y legalmente posible, evitar actuar directamente sobre ella o buscar una alternativa que reduzca el impacto.

Porque en determinadas épocas del año, unos pocos metros de vegetación pueden convertirse en una auténtica guardería natural.

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LOS MAJANOS: PEQUEÑOS REFUGIOS, GRANDES BENEFICIOS

Y aquí quiero detenerme en un elemento tradicional de nuestros campos que merece ser reivindicado: el majano.

Para muchos puede parecer simplemente un montón de piedras retiradas de una parcela.

Para quienes conocemos el terreno sabemos que puede ser muchísimo más.

Un majano bien situado puede convertirse en un refugio natural de enorme importancia para la fauna.

Conejos, reptiles, pequeños mamíferos, insectos y numerosas especies pueden encontrar entre sus piedras protección frente a las inclemencias meteorológicas y, especialmente, frente a determinados depredadores.

Y lo más importante: ocupa muy poco espacio en relación con el beneficio que puede aportar al ecosistema agrícola.

Por eso, cuando se retiren piedras de una parcela, sería interesante, siempre que sea posible y compatible con la actividad agrícola, concentrarlas de forma ordenada en determinados puntos para mantener o crear pequeños majanos.

No necesitamos grandes construcciones.

No necesitamos quitar hectáreas de terreno productivo.

A veces basta con conservar un pequeño rincón.

Unas piedras.

Una pequeña acumulación de material.

Un espacio aparentemente insignificante.

Pero para un conejo que necesita refugiarse, para un reptil que busca protección o para un pequeño animal que intenta escapar de un depredador, puede convertirse en una auténtica fortaleza natural.

El majano es una muestra perfecta de que producción y conservación pueden convivir.

Además, forma parte del paisaje tradicional de nuestros campos y de una manera de gestionar la piedra que durante generaciones nuestros agricultores han utilizado.

Por eso, antes de eliminar todos esos pequeños refugios naturales, pensemos qué función pueden estar desempeñando.

No todo lo que parece un obstáculo es un problema. A veces es precisamente parte de la solución.

UNA LINDE PUEDE SER UN REFUGIO

Desde la perspectiva de un Guarda Rural de Caza, las lindes no son simplemente una línea que separa dos propiedades.

Son parte del hábitat.

Pueden ofrecer cobertura, alimento y zonas de desplazamiento.

Una perdiz adulta puede escapar con relativa facilidad ante una amenaza.

Una cría no.

La codorniz adulta puede desplazarse buscando otro lugar.

Una cría recién salida del nido puede depender de la vegetación que tiene alrededor.

Y cuando desaparece toda la cobertura vegetal, esas pequeñas criaturas quedan mucho más expuestas.

Donde nosotros vemos un metro de hierba, ellas pueden encontrar un escondite.

Y donde nosotros vemos un pequeño majano, ellas pueden encontrar una fortaleza.

NO EXISTEN SOLUCIONES MÁGICAS

Como profesional dedicado al medio rural, tampoco creo en los discursos fáciles.

El descenso o la recuperación de determinadas poblaciones de fauna no depende exclusivamente de las prácticas agrícolas.

Intervienen muchos factores: disponibilidad de alimento y agua, climatología, transformación del hábitat, enfermedades, predación, presión humana y otros elementos.

Pero precisamente porque existen muchos factores, debemos actuar sobre aquellos que sí podemos mejorar.

Conservar una linde o un majano no solucionará por sí solo todos los problemas de la fauna.

Pero puede aportar cobertura.

Puede aportar alimento.

Puede aportar continuidad al hábitat.

Y puede proporcionar una oportunidad más de supervivencia.

En conservación, muchas veces, la suma de pequeños gestos termina produciendo grandes resultados.

EVITEMOS TAMBIÉN TRABAJAR SOBRE LA FAUNA

Cuando se realizan trabajos agrícolas, debemos extremar las precauciones en aquellas zonas donde existan indicios de presencia de fauna, especialmente durante épocas sensibles de reproducción.

Si encontramos un nido, una puesta, una madriguera o una zona con presencia de crías, señalémosla y evitemos trabajar directamente sobre ella cuando sea posible, buscando alternativas compatibles con la actividad agrícola y la protección de la fauna.

Y siempre que la organización del trabajo lo permita, sería recomendable evitar determinadas labores durante la noche, cuando algunas especies pueden encontrarse activas o utilizando la vegetación como refugio.

No se trata de paralizar el campo.

Se trata de trabajar con un poco más de conocimiento sobre lo que tenemos delante.

AGRICULTOR Y CAZADOR: DOS ALIADOS DEL MISMO CAMPO

Durante demasiado tiempo hemos permitido que algunos discursos enfrenten a quienes viven y trabajan en el mundo rural.

Agricultores contra cazadores.

Producción contra conservación.

Actividad económica contra naturaleza.

Es un error.

El agricultor necesita un campo vivo.

El cazador necesita fauna y hábitats adecuados.

Un Guarda Rural necesita un territorio que conservar y vigilar.

El propietario necesita que sus tierras sean productivas.

Y la sociedad necesita alimentos y un medio natural saludable.

Tenemos mucho más en común de lo que algunos pretenden hacernos creer.

El esfuerzo económico de los cazadores para mantener el hábitat 

Además, existe una realidad que muchas veces no se cuenta.

En numerosos cotos de caza, los propios cazadores y las sociedades de cazadores hacen un esfuerzo económico para mantener el hábitat durante todo el año.

En ocasiones, las juntas directivas de estas sociedades compran o arriendan terrenos agrícolas y mantienen la siembra expresamente para la gestión del coto de caza.

Es decir, terrenos que podrían quedar sin cultivo o completamente despejados después de la cosecha se mantienen sembrados para que sigan proporcionando alimento y cobertura a la fauna.

Y eso cuesta dinero.

Muchas veces es dinero que sale directamente de las cuotas de los propios cazadores.

No se trata únicamente de pensar en la temporada de caza, se trata de mantener el campo vivo durante los doce meses del año.

Una siembra mantenida puede proporcionar alimento a perdices, codornices, conejos y otras especies. Puede ofrecer cobertura cuando el resto del terreno está más despejado y puede contribuir a mantener un mosaico agrícola más favorable para la fauna.

Eso también es gestión del hábitat.

Eso también es conservación.

Y creo que es justo reconocerlo.

El cazador que respeta y comprende el trabajo del agricultor está defendiendo también la continuidad del mundo rural

Porque cuando una sociedad de cazadores compra o arrienda un terreno y decide mantener su siembra para favorecer la fauna, está destinando recursos económicos a conservar el territorio.

El agricultor pone su trabajo y su conocimiento.

Mientras que el cazador aporta financiación, gestión y compromiso con el terreno cinegético.

El Guarda Rural vigila, previene y conoce lo que ocurre sobre el terreno.

Y todos pueden trabajar en la misma dirección.

El agricultor que conserva una linde o mantiene un majano está contribuyendo a conservar el mismo patrimonio natural que el cazador intenta proteger cuando gestiona una población cinegética.

Y el cazador que respeta y comprende el trabajo del agricultor está defendiendo también la continuidad del mundo rural.

No podemos pedir respeto por la naturaleza mientras despreciamos a quienes trabajan todos los días sobre ella.

UNA RESPONSABILIDAD COMPARTIDA

Como Guarda Rural de Caza y Técnico de Seguridad y Medio Ambiente, considero que la conservación debe ser una responsabilidad compartida.

El agricultor aporta su conocimiento de la tierra.

El cazador aporta su conocimiento de las especies y del territorio.

Los Guardas Rurales aportan vigilancia, prevención y conocimiento directo del terreno.

Los técnicos aportan planificación y criterios de gestión.

Los propietarios aportan la posibilidad de conservar determinados elementos del paisaje.

Y las administraciones deben aportar apoyo, recursos, asesoramiento y medidas que hagan posible compatibilizar la producción agrícola con la conservación.

No podemos cargar toda la responsabilidad sobre quien trabaja la tierra.

Tenemos que ayudarle a conservar.

Y también tenemos que escucharle.

Porque muchas veces quien está todos los días en una parcela conoce perfectamente dónde cría una perdiz, por dónde se mueve el conejo, dónde se refugian los animales o qué zona mantiene humedad cuando el resto del terreno está completamente seco.

Ese conocimiento también es conservación.

UN METRO DE VEGETACIÓN, UN MAJANO, UNA DECISIÓN, MUCHAS VIDAS

Por eso esta carta termina con una petición muy sencilla.

Cuando llegue la cosecha.

Cuando la maquinaria entre en la parcela.

Y cuando el campo empiece a quedar despejado.

Miremos también hacia las lindes y hacia esos pequeños refugios que todavía conserva nuestro campo.

Si podemos conservar ese pequeño margen de vegetación, hagámoslo.

Si podemos mantener un majano, conservémoslo.

En la época de reproducción si encontramos un nido o una puesta, extrememos las precauciones.

Si detectamos una zona de cría, señalémosla.

Si podemos evitar una actuación nocturna que pueda afectar a la fauna, valorémoslo.

Y si una sociedad de cazadores tiene la posibilidad de mantener una parcela sembrada para que la fauna disponga de alimento y refugio durante todo el año, sigamos apostando por ese tipo de gestión.

No son grandes sacrificios.

Son pequeñas decisiones.

Pero pueden marcar una diferencia enorme.

Porque quizá ese metro de vegetación sea el refugio de una perdiz.

Quizá sea el escondite de una codorniz.

Quizá ese majano sea la protección de un conejo.

Entre sus piedras quizá encuentre refugio un reptil.

Quizá una pequeña acumulación de vegetación sea el lugar donde una pollada consiga sobrevivir.

Y quizá esa siembra que alguien decidió mantener durante todo el año sea precisamente el lugar donde muchos animales encuentren alimento cuando más lo necesitan.

Y quizá, gracias a esos pequeños gestos, dentro de unos años sigamos escuchando el canto de la codorniz al amanecer o viendo levantar el vuelo a una perdiz entre los cultivos.

EL CAMPO NO NECESITA ENEMIGOS, NECESITA ALIADOS

Esta carta no pretende imponer.

Pretende concienciar.

No pretende enfrentar.

Pretende unir.

Porque quienes amamos el campo tenemos una obligación: dejarlo en mejores condiciones de las que lo encontramos.

Y eso solo será posible si dejamos de buscar culpables y empezamos a buscar soluciones.

Los agricultores no pueden conservar solos.

El cazador no puede conservar solo.

El Guarda Rural no puede conservar solo.

La Administración tampoco.

Necesitamos trabajar juntos.

Porque el futuro del mundo rural pasa necesariamente por encontrar un equilibrio entre producción, aprovechamiento, seguridad, conservación y biodiversidad.

Y ese equilibrio no se consigue desde un despacho.

Se consigue pisando el terreno.

Escuchando al agricultor.

Escuchando al cazador.

Observando la fauna.

Protegiendo el hábitat.

Conservando las lindes.

Manteniendo los majanos.

Manteniendo, cuando sea posible, cultivos que aporten alimento y cobertura.

Y tomando pequeñas decisiones que, juntas, pueden cambiar muchas cosas.

Por eso, la próxima vez que veamos una cosechadora entrando en una parcela, no pensemos únicamente en toneladas, hectáreas o rendimiento.

Miremos también hacia la linde.

Miremos hacia ese pequeño majano.

Observemos esa vegetación que parece no tener importancia.

Miremos también hacia esas parcelas que alguien mantiene sembradas porque ha decidido que el campo no termina cuando acaba la temporada agrícola.

Quizá allí haya vida.

Y quizá un pequeño metro de vegetación, unas piedras cuidadosamente conservadas o una siembra mantenida durante todo el año sean todo lo que necesita para seguir adelante.

Aquel metro que decidimos dejar en una linde no era espacio perdido

Porque al final, aquel metro que decidimos dejar en una linde, aquel majano que decidimos conservar, aquella siembra que decidimos mantener…, no eran espacio perdido, eran espacio ganado para la vida.

Cuidemos nuestras lindes.

Cuidemos nuestros majanos.

Hay que cuidar nuestros cultivos.

Cuidemos a quienes trabajan la tierra.

Cuidemos nuestras perdices, nuestras codornices, nuestros conejos y toda nuestra fauna.

Y cuidemos el campo que queremos seguir dejando a nuestros hijos y nietos.

Porque el mundo rural no se defiende con discursos.

Se defiende estando allí, trabajando y cuidándolo cada día.

«Aquel metro que decidimos dejar en una linde, aquel majano que decidimos conservar, aquella siembra que decidimos mantener…, no eran espacio perdido, eran espacio ganado para la vida»

Víctor Villalobos es presidente de la Asociación Hermandad de Guardas Rurales, guarda rural de caza y técnico de seguridad y medio ambiente

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