
Me despertó el olor a humo, el tufo a quemado –aroma que tantas veces ha impregnado mi ropa, en los cinco continentes, al retirarme a descansar–, y supe que mi padre y mi hermano mayor acababan de regresar de luchar contra las llamas. Corrían los años sesenta.
Más tarde, años setenta, en esas gloriosas temporadas de caza de codornices que me organizaba cada año a mediados de agosto por Castilla, cuando oíamos las campanas de la iglesia tocar a rebato, nos dirigíamos a todo meter a la plaza mayor del cercano pueblo por si necesitaban ayuda.
En mi época de forestal a mediados de los ochenta dirigí la operación más ambiciosa de recuperación del mayor incendio que había sufrido nuestro país en toda su historia.

Fotografías: Adolfo Sanz Rueda

Un pronóstico que jamás me habría gustado acertar
En Riba de Saelices el incendio de 2005 se llevó a 11 personas, fue un sábado, estuve cazando corzos el jueves anterior, y comenté que ese pinar abandonado de resinación en cuando hubiera la mínima chispa sería un infierno, no estoy nada orgulloso de mi acertado comentario.
La primera vez que visité en época seca la sabana arbustiva africana, me sorprendió contemplar enormes superficies calcinadas, no me lo esperaba, fue una decepción, más que aceptada por el paso del tiempo, pero a la vez entendida como regeneración de pastos y eliminación de leñas muertas, circunstancia que sigo conociendo casi a diario en mi África.

Fotografía: Adolfo Sanz Rueda.
Una vida marcada por el fuego
El fuego ha acompañado mi vida, a veces de modo muy doloroso, como aquel 23 de octubre de 2016 con el incendio en Paoland, así como las tareas de limpieza, los cortafuegos limpios, los montes sin maderijas o leñas muertas, los cauces limpios, el sentido común y una eficiente ayuda pública con una muy desinteresada y a veces obligatoria colaboración ciudadana. A nadie hoy en día se le ocurre formular la cínica frase de «Si el bosque se quema, algo suyo se quema… señor Conde».

La España rural se extingue por las llamas y por el abandono de las administraciones públicas, con unas políticas execrables
Ahora, desde hace demasiados años, la España rural se extingue por las llamas y por el abandono de las administraciones públicas, con unas políticas execrables, en la opinión de los que llevamos muy dentro nuestro entorno, nuestros campos y nuestra gente.
Nuestros políticos, acomodados en sus mullidas poltronas, son incapaces de distinguir el tufo a quemado del olor de su propia chamusquina. Y, lo que es peor, ni siquiera les interesa hacerlo.
FUEGO; por José García Escorial
Paoland Lodge. Alicedale. Cabo Oriental. Sudáfrica. Julio 2026
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Safari Headlands – José García Escorial
Sitio web: http://www.safariheadlands.org
Móvil / WhatsApp: +34 620210069
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