
Sería una exageración decir que de películas como Hatari (que en swahili significa «peligro») conozco todos sus fotogramas, aunque sí me sepa de memoria todas sus escenas. Se trata de una divertida historia sobre la captura de animales en el norte de Tanzania y, como ocurre con la mayoría de las películas de aventuras ambientadas en el África negra, la conservo más en mi memoria que en mi filmoteca.
Capturar animales significa cazarlos
Capturar animales significa, indudablemente, cazarlos. Existen testimonios, tanto gráficos como históricos, de esta actividad desde hace decenas de siglos en Mesopotamia, Grecia y Roma. Más tarde, en la Europa del siglo XVIII, se desarrolló una intensa actividad de captura de animales destinada a nutrir las colecciones privadas que, con el tiempo, darían lugar a las menageries públicas, origen de los actuales zoológicos. A mi juicio, es una pena que algunos de ellos se encuentren hoy amenazados de cierre.
Desde la Antigüedad, el sistema más tradicional para capturar animales consistía en formar una manga con ramaje, madera o lona y conducir a los animales hasta un embudo final. Imagino que abastecer de fieras a los circos romanos debió de ser, además de una tarea ingeniosa y costosa, una actividad extremadamente peligrosa, responsable de numerosos accidentes mortales antes de que los animales fueran depositados en los sótanos de los coliseos del Imperio romano.

No confundir la captura con el descaste
Llevo años participando en la captura de animales –que no debe confundirse con un descaste–, tanto en España como en África. Muchas personas, cuando les hablo de esta actividad, reaccionan con admiración y me dicen: «¡Qué envidia, qué suerte!». Sin embargo, la realidad es que se trata de un trabajo.
Los medios mecánicos actuales nada tienen que ver con los antiguos, basados en la movilización de cientos y, en ocasiones, de miles de personas. La aparición de los vehículos a motor, tanto de dos como de cuatro ruedas, agilizó considerablemente las capturas. Hoy, la combinación de estos con medios aéreos –avionetas y, sobre todo, helicópteros– ha permitido reducir de forma muy importante el número de participantes, al tiempo que ha incrementado la eficacia de las operaciones.

Dos autoridades
Son operaciones que, desde siempre, han requerido una planificación, una disciplina y una ejecución prácticamente militares para alcanzar los objetivos previstos. Dos autoridades dirigen el operativo: por un lado, el propietario del terreno o de la concesión y, por otro, el experto responsable de la captura. Ellos son los dos generales. Después intervenimos los oficiales –pilotos, veterinarios, tiradores, conductores…–, encargados de ejecutar las órdenes del mando y transmitirlas a la tropa.
Los accidentes leves suelen ser relativamente frecuentes, aunque son menos habituales cuando se utiliza la manga con embudo final que desemboca directamente en el camión de transporte. Los accidentes más graves pueden producirse cuando el anestésico tarda más de lo previsto en hacer efecto o cuando, al desenredar un animal de una red, este aún conserva suficiente movilidad. En esos casos, si no se actúa con rapidez y experiencia, el riesgo de recibir una coz o una cornada es muy real.

Se captura por conservación o por razones económicas
La captura de animales responde siempre a una finalidad: puede obedecer a motivos de conservación o a razones económicas. En cualquier caso, supone una operación de elevado coste, que aumenta si los tiempos previstos no se cumplen o si durante el transporte se producen bajas a consecuencia del estrés, una circunstancia cuya incidencia puede rondar el 10 % de los animales trasladados.
Aunque esta actividad pueda parecer apasionante para un observador ocasional, lo cierto es que no justifica un desplazamiento solo para contemplarla. Los tiempos muertos son abundantes y no es raro que transcurran jornadas enteras sin actividad debido a las inclemencias meteorológicas. El viento, especialmente, resulta determinante: puede impedir el vuelo de los helicópteros o dificultar que los animales sean dirigidos hacia la zona prevista.
Está claro que cazar no consiste únicamente en disparar una bala o una flecha. También es cazar hacerlo mediante un dardo anestésico o aproximarse a un animal de afiladas defensas para reducirlo mientras reparte derrotes con la violencia de un «miura».
Captura: peligro; por José García Escorial
Desierto del Kalahari, Namibia, junio de 2026
Ξ
Safari Headlands – José García Escorial
Sitio web: http://www.safariheadlands.org
Móvil / WhatsApp: +34 620210069
Ξ




