
«El barco se desarboló el 23 de octubre de 2016. Un incendio fulminante se llevó, en la víspera del comienzo de las obras, la casa principal del siglo XIX».
En 2016 iniciamos nuestra particular aventura, quizás odisea, en lo que hemos llamado Paoland. No soy hombre de mar, pero voy a utilizar, de forma torpe, términos marineros para relatar detalles de estos años.

Un incendio fulminante se llevó la casa principal del siglo XIX
El barco se desarboló el 23 de octubre de 2016. Un incendio fulminante se llevó, en la víspera del comienzo de las obras, la casa principal del siglo XIX. Nuestra pensada y, a la vez, soñada singladura se interrumpió y volvimos al dique seco. La disyuntiva era armar la nave de nuevo, con el natural incremento de coste, o abandonar. Esto último significaba que este barco, esta idea, no vería nunca la mar y jamás se enfrentaría a los vientos borrascosos o bonancibles de cualquier travesía.
La razón, la idea, la determinación para seguir no sé dónde se originó. Tal vez en el precipitado vuelo al sur de África para evaluar los daños, y empezar a darle vueltas a la cabeza para no abandonar. La situación que me encontré era aún peor de lo que podía imaginar: la nave capitana era irremplazable, había que construir una nueva por completo. Tal vez la fuerza me vino de los que siempre nos cuidan, allá donde todo es luz, pero salí de África con dos nuevos contratos de obra, un diseño más étnico y pensando que, en mi vida, el fuego era un acicate para emprender nuevos retos.

Con todo el velamen desplegado y con viento a favor, me puse al timón, y llevamos ya en la singladura un decenio
A primeros de julio de 2017, con todo el velamen desplegado y con viento a favor, me puse al timón, y llevamos ya en la singladura un decenio: diez años para poder echar la vista atrás y confirmar que ningún proceloso mar nos ha podido detener. Aunque el maldito Covid fue un escollo muy importante y la guerra de Ucrania no nos haya ayudado nada, hemos seguido navegando con un rotundo éxito, llevando a todo el mundo al puerto seguro de colmar sus ilusiones, como lo pueden atestiguar los centenares de personas que se han embarcado con nosotros.
No ha sido por casualidad, sino fruto de un exigente, pero muy divertido, estudio, planificación y puesta en marcha, que podemos afirmar que ofertamos el mejor safari fotográfico y turismo que se puede realizar en toda África, y además sin vacunas ni riesgo de enfermedades tropicales en absoluto.

Poder realizar hasta una veintena de actividades diferentes de nuestro programa básico, sin repetir ninguna, no tiene parangón
El poder realizar hasta una veintena de actividades diferentes en los siete días y ocho noches de nuestro programa básico, sin repetir ninguna, no tiene parangón ni punto de comparación con ninguna otra oferta actual del mercado de turismo africano. Se podría discutir sobre si este o aquel programa de caza es mejor o peor, pero en el tema fotográfico/turismo no existe nada equiparable. La gran cantidad de amigos que nos han acompañado en estos años, sin duda, darán gustosos fe de este aserto mío.
No es por presunción, pero tenía una idea, la desarrollé, busqué complementos –unos eran idóneos, otros no–, los probé y el resultado es la realidad actual. No hay en este desarrollo nada sencillo, o quizás sí: lo más importante fue haber elegido la única zona de África donde podría acometerlo, y además sin ningún tipo de vacunas, repito, con independencia del momento del año.
El ir combinando, si el tiempo meteorológico lo permite, una excursión larga con otra corta en días alternos, para no machacar innecesariamente a los viajeros; vigilar la predicción del tiempo o el estado de la mar; o estar siempre dispuesto a oír los consejos de los demás para mejorar. Creo que es un clásico, tanto en viajes de turismo como de caza, que en la cena de cada día interrogue a cada uno de los viajeros, solicitando que nos cuente su momento especial del día. Es muy interesante escucharlos y se llega a tener un excelente conocimiento sobre lo que la gente desea y aprecia más.

Innumerables actividades a cada cual más apetecible, diez años después en el entorno de Paoland
Visitar dos parques nacionales, bien diferentes en fauna y paisaje, guiados por nosotros, donde casi todos los días colocamos a los turistas a muy escasa distancia de los elefantes y de otros muchos animales. Acudir a reservas privadas de caza y, al final, poder observar muy, muy cerca, a más de cuarenta especies de grandes animales. Ver ballenas, delfines y pingüinos. Comer mirando las interminables playas del océano Índico. Dar un paseo para ver las pinturas de los bosquimanos. Visitar Grahamstown, Port Alfred, Bathurst y Cradock, y darse una vuelta por Port Elizabeth para comprar artículos étnicos o ir a la tienda de telas, para rematar con una comida en el centenario Sacramento y hacerse unas fotos al atardecer sobre un cañón del siglo XVII frente al océano. Admirar el jardín de la Finca de los Limones y recoger decenas de kilos de este cítrico para los gin-tonics y limonadas. Recorrer la Reserva Burchell y ver el trabajo de la taxidermia. Impartir clases de tiro, ping-pong o mus, o tal vez, en algunos casos, recibir esas clases y aceptarlas. Ir los viernes por la noche al Louis Pub (no os lo perdáis, por favor).
Es lo que hacemos de forma divertida en esta actividad que iniciamos hace diez años, como complemento de nuestra dilatada experiencia –más de cuatro decenios– en nuestra querida África.
Os esperamos a todos.
BUENA SINGLADURA EN ESTE NUEVO AÑO 2026.
José García Escorial y su equipo de Safari Headlands
Safari Headlands – José García Escorial
Sitio web: http://www.safariheadlands.org
Tel: +34-914 670 150 / +34-914 686 622
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