Con la caza a cuestas Opiniones

Perdiendo el norte, por Ángel Luis Casado

Perdiendo el norte
«Pero por mucho que clamemos desde aquí o desde la Castellana no podremos mejorar la corriente de opinión contraria a la caza» (‘Perdiendo el norte’, Ángel Luis Casado).

Si bajas a tu corazón en busca de los motivos por los que amas la caza, olvídate de la linterna y la escalera. Ahí han de quedar, como la raíz del árbol al que las hojas delatan que sigue latiendo. Lo nuestro es tan antiguo como el comer y quizás sea esa la razón de ser cazadores. De lejos se nos ve venir y que lo somos, también. Significamos VIDA y tal vez sea por eso por lo que nos ligan al destino del toro de lidia al que intentan proteger sacándolo de la plaza (aún no prohibida) asegurándole la estocada a su existencia y, de paso, en el arrastre, firmar la muerte de la dehesa, fuente de biodiversidad y cuna de tanta vida. ¡Paradojas del ignorante! Nos quieren fuera del campo sin acertar siquiera a ver que su soñado paraíso es eso, un sueño completamente irreal.

Por mucho que clamemos no podremos mejorar la corriente de opinión contraria a la caza que sigue calando en la sociedad actual

Pero por mucho que clamemos desde aquí o desde la Castellana no podremos mejorar la corriente de opinión contraria a la caza que sigue calando en la sociedad actual (sobre todo entre los más jóvenes). Debemos concienciarnos de que hay que dar réplica en la raíz, o sea, informar, educar en los colegios e intentar corregir la desinformación que buena parte de la población tiene sobre lo que es y representa la caza. No es sencillo pero lo que no se empieza no se acaba… y vamos tarde. Y sin perder tiempo ir cerrando el grifo de las subvenciones a tanta organización que vive del cuento y a costa de los impuestos que pagamos todos.

Porque mientras hay quien vive la naturaleza de manera virtual, nosotros pisamos barro, nieve y polvo. Mientras hay quienes se entretienen pulsando likes, otros vamos arreglando caminos, podando encinas y sembrando el campo, entre otras razones, porque comemos todos los días. Porque CAZANDO aportamos, además, recursos imprescindibles a juntas vecinales y ayuntamientos, equilibramos las poblaciones, velamos por las cosechas, evitamos enfermedades a la fauna, accidentes en las carreteras, se vigilan los campos, etc., etc., y aún debemos soportar que nos llamen de todo menos guapos.

Perdiendo el norte
Desde hace ya años se viene denunciando por los ganaderos, vecinos y por las diferentes sociedades de caza el exceso de cabras monteses del Parque Nacional de Guadarrama.

Ahora veamos qué ocurre en la otra orilla. norte

Como ya he apuntado anteriormente, la ‘clase’ dirigente sigue incrementando las cifras que inyecta a todo aquel que se coloca el disfraz de Bambi y se autoproclama salva patrias de la naturaleza y si no, los crea ella misma, como la Dirección General del Bienestar Animal. Nunca hubo tantos (animales) pisando moqueta, de ahí debe venir el título, de su bienestar. Pero, en fin, para que vean lo necesario de este apéndice ministerial, pongamos un ejemplo:

Parque Nacional de Guadarrama. norte

Desde hace ya años se viene denunciando por los ganaderos, vecinos y por las diferentes sociedades de caza el exceso de cabras monteses del citado parque, que por entonces se censaron en más de 3.000 ejemplares con el consiguiente daño al medio natural, el alto riesgo de sarna y la competencia directa con el ganado que pastaba ya en el parque desde antes incluso de llegar a serlo. Pues bien, entre la Administración, la denuncia de los animalistos y la justicia, han pasado seis años más y el problema se ha duplicado, excediendo ya de 6.000 ejemplares (según el último dato publicado recientemente).

Tengo la impresión de que este país no deja de caminar, pero de dar pasos hacia atrás

Óiganme, ¿para qué necesitamos a Medio Ambiente (siempre a medias), los animalistos (que nos cuestan dinero), a los del Bienestar Animal (que nos cuestan dinero) y a la Justicia (que dirán lo de siempre, que ellos aplican la ley… también la pagamos, faltaría) para que los problemas se dilaten, se enquisten y acaben teniendo una solución (si es que la tienen) muchísimo más cara y de resultado a todas luces dudoso?

¿Para qué tanto político, técnico, oportunista de la subvención y leguleyo?, ¡si los problemas no se resuelven!

Tengo la impresión de que este país no deja de caminar, ¡qué no para…! pero de dar pasos hacia atrás. ¡Igual que los cangrejos!

Decía Santo Toribio de Liébana (730-793, ayer, si reparan en la fecha): “El que olvida sus raíces pierde su identidad, porque sin saber de dónde se viene difícil es saber adónde se va”.

Algún día abriremos los ojos y espero no sea demasiado tarde.

norte Por Ángel Luis Casado Molina / www.librosdecaza.es

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