Caza Menor Con la caza a cuestas

La menor, por Ángel Luis Casado

La menor. Caza
La menor…

El Bolajo

El Bolajo. Taberna singular, en la Plaza Mayor de Almagro hasta mediados de los 90. Hoy, su espacio es parte del Museo Nacional del Teatro, como si lo anterior hubiese sido un acto trajicómico, reservado por el destino, a tan célebre lugar. En ella, únicamente servían vino, queso y alguna chacina. Y cuando la tasca se llenaba, el tabernero se salía a la calle con una silla haciendo un desplante a la parroquia, al consumo o a lo que entendía que no iba con él mientras, sentado, aguardaba a que la gente se marchara (sin haber sido atendida). Sólo servía vino y quien osara pedirle refrescos u otro tipo de bebida tenía garantizado el improperio de turno.

Cosas atípicas que nos despiertan una chispa de simpatía aunque no paremos a ver por qué. Era lo que había en aquel lugar y lo buscábamos. Quizás por sus altos techos de madera o por el recogido espacio que ocupaba o por ver la cara de mala leche del sujeto, ya metido en años.

Cuando cerró, les aseguro que lo echamos de menos. Y, aún hoy, como ven.

El Pesebre

El Pesebre. Humilde y simple tasca donde nos citábamos los sábados y/o domingos a tomar el primer café del día de caza. Manolo, su atento propietario, desde temprano aguantaba las bromas de cada cual mientras intercambiaba sonrisas y rictus de mosqueo a partes iguales. Al principio de mi llegada (año 87) salíamos de El Pesebre al campo con la bola del puesto en el bolsillo. Fueron años de ojeos de perdiz brava. Abundante. Como de liebres. En un coto de monte bajo que llamaba la atención en La Mancha, que aún destilaba añil y rojo almagre, tan decadentes en ella a pesar de su impoluta personalidad. El Montecillo llevaba aquel por nombre.

Somos la cara B del vinilo

Jornadas plenas donde todo se compartía: desde el mencionado café al taco de media mañana y la comida, en la tarde, siempre preparada al calor de la lumbre. Donde aquellas humildes pero excelentes gachas hoy serían una delicatessen y donde al café de puchero se le introducía y apagaba un tizón de leña para disfrazar carencias, estimular el sabor o recuperar viejas costumbres, dándole un genuino toque; gesto al que, si viniera de cualquier reputado chef, le haríamos reverencias con la cabeza y hasta con la cartera. ¡Cuánto hemos cambiado! Somos la cara B del vinilo de una vida más desarrollada tecnológicamente pero, humanamente, venida a menos.

La menor, menguante. El pesimismo, creciente

En la cara A del citado disco debería cantar la patirroja, que hace tiempo se ha dejado de escuchar por muchos de nuestros campos. Y es que por unas cosas o por otras, la perdiz –del siempre soñado doblete– no pasa por su mejor momento. Y la liebre, ídem, disminuyendo alarmantemente. Tularemias aparte, ambas especies han visto como los campos manchegos en particular y españoles en general viven y sufren una epidemia de cercados de alambre –cortijo incluido–, de vides en espaldera, de olivares fumigados en vez de labrados, de lindes que dejaron de existir, etc., etc., todo bien aderezado con huertos solares y gigantes de D. Quijote versión 5G, que tanto acicalan el paisaje y benefician al ecosistema.

La menor. Caza

No erraron fenicios y romanos llamando «tierra de conejos» a nuestro país, pues son estos los que resisten a pesar de lo descrito y de lo que les llueve encima con la sempiterna mixomatosis, la vírica, etc., aunque desigualmente repartidos por el territorio.

Sombrío panorama si febrero no celebra con el cuchichi cuchichi cuchichi… de la perdiz en apareo. Silencios que hablan y lo dicen todo.

La menor, menguante. El pesimismo, creciente.

La menor, por Ángel Luis Casado Molina

www.librosdecaza.es / [email protected]

Fofografías: Adolfo Sanz Rueda

La menor. Caza

Naturalmente la Caza
Naturalmente, LA CAZA, llega a su segunda edición, naturalmente, como no podía ser de otra manera.

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